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Preguntas sobre la prensa contemporánea en México (2010)

Preguntas sobre la prensa contemporánea en México

Revista Replicante / Ariel Ruiz Mondragón

México, D. F., junio de 2010

1. ¿Cuál fue el papel de la prensa en el proceso democratizador que ha vivido el país?

Pionero, fundamental, contradictorio, inconsecuente a final de cuentas. La transición política mexicana no se puede explicar sin el espacio de reflexión, información, denuncia, crónica y creación de espíritu ciudadano que significaron algunos segmentos de la prensa escrita en los años 80 y parte de los 90 del siglo ya transcurrido. Allí se develaron y en ocasiones fueron documentados abusos y fraudes del viejo sistema político y se desarrolló la costumbre de criticar al poder. Esa costumbre ya existía, de hecho en nuestra prensa nunca, ni en los momentos de mayor control gubernamental, faltaron espacios de reflexión y acusación. Pero en el periodo que señalo el análisis crítico comenzó a ser frecuente y formó parte de las condiciones que propiciaron la apertura política y el establecimiento de reglas equitativas para la competencia entre los partidos. La prensa pudo criticarlo todo: el declinante presidencialismo, las desprestigiadas ataduras corporativas, el vergonzoso y por cierto aún vigente clientelismo. En la prensa hubo espacio y voces para cuestionar a la iglesia, los empresarios, al viejo sindicalismo, a las universidades… pero el cuestionamiento a la prensa misma fue y ha sido muy escaso. La prensa se parapetó en una autocomplaciente posición fiscalizadora en la que sigue instalada gracias a la ausencia de crítica social respecto de la prensa misma. En eso estamos.

2. A la vez, ¿qué cambios ha generado en la prensa la democratización del país?

Pocos e insuficientes. Tenemos algunas expresiones de prensa más profesional, si por tal entendemos aquella que no vive de alguna de las variadas formas de subsidios gubernamentales y que no supedita sus notas a la censura del poder político. Pero esa profesionalización encuentra límites en el trabajo cotidiano. Nuestra prensa, salvo excepciones, no practica el periodismo de investigación. La denuncia sin pruebas y la publicación de filtraciones son confundidas con indagación periodística. El análisis de los hechos públicos está distorsionado por la búsqueda del aplauso fácil. De hecho, el análisis en profundidad se ha perdido en la prensa mexicana.

3. Se han señalado, por ejemplo, autoritarismos subnacionales, entidades que se mantienen en el atraso político. En este sentido, ¿cómo observa a la prensa regional y de los estados?

Como una sobreviviente por partida doble. La prensa, tanto en el DF como en los estados, sobrevive al viejo régimen que la acostumbró a existir sin lectores con tal de complacer a ese gran hermano –gran compadre quizá– del periodismo impreso que era el Estado mexicano. Y sobrevive a la crisis general de la prensa, acicateada en algunos sitios por el crimen organizado. Los periódicos y las revistas mexicanos, con unas cuantas excepciones entre las cuales no se encuentra ninguna publicación política ni cultural, siguen dependiendo, en diversas medidas, de la publicidad oficial. Esa situación es más grave en los estados, en donde suele haber muchísimas publicaciones y escasímos lectores. Una de las tablas de salvación para esa prensa local ha sido la adhesión a alguno de los grupos periodísticos de carácter nacional pero por cada diario que se afilia a una de esas cadenas (perdiendo parte de su perfil y a veces buena parte de su planta editoriales) hay varios más que desaparecen. Si a ese panorama añadimos la pérdida de lectores debido al surgimiento de otras opciones para que los ciudadanos se informen, el acoso que imponen los grupos delincuenciales en algunas y cada vez más zonas del país así como la caída del mercado publicitario para los medios escritos, tenemos un panorama en el que no resulta exagerado considerar que la prensa local es una especie en extinción.

4. ¿La pluralidad política y diversidad cultural del país están expresados adecuadamente en los medios?

¿Adecuadamente? Creo que no. Depende de cuáles medios. Algunos apuestan a la diversidad y otros son claramente partidarios de una opción política, un grupo empresarial, una capilla cultural o se afilian a cualquier otra preferencia. Pero no creo que cada medio de comunicación deba incluir todas las opiniones. La pluralidad puede llegar a ser refractaria a la calidad. Y sobre todo, creo que los medios financiados con recursos privados tienen derecho a exhibir el sesgo ideológico que quieran. Lo importante es que esa preferencia les quede muy clara a sus lectores.

5. El contexto de la violencia del crimen organizado ha costado ya muchas vidas de periodistas. ¿Cómo debe actuar la prensa ante esa que no es ya amenaza, sino realidad?

Debiera actuar de manera cohesionada, como hicieron hace 10 años los periodistas en Colombia. Pero seguimos padeciendo demasiados intereses protagónicos y demasiadas rivalidades que dificultan esa respuesta conjunta de la prensa mexicana ante los delincuentes que la amagan en algunos sitios del país.

6. ¿Cuál es el estado de la libertad de expresión en el país?

En contraste con otros tiempos, sin duda tenemos una prensa libre de las sujecciones que le imponían la censura y las prebendas gubernamentales. Sin embargo nuestra prensa no está a salvo de las coacciones que resultan de los intereses empresariales y políticos de sus propietarios y operadores. Hoy en día, la principal fuente de censura en la prensa mexicana es la que ejercen sus dueños y directivos. En cada periódico hay temas que está prohibido abordar. No hay un solo periódico, entre los que se editan en la ciudad de México, que esté a salvo de esas restricciones. En todos ellos hay alguna forma de censura.

7. ¿Cuáles son los grandes pendientes de la prensa mexicana?

Autoevaluarse, abolir censuras, establecer reglas éticas que sean conocidas y exigibles por sus lectores, hacer periodismo de investigación, difundir hechos y no fundamentalmente dichos, asumir la convergencia digital como una oportunidad para encontrarse con nuevos públicos y no solamente como nuevo negocio, vivir de sus lectores y de la venta de servicios y no de la publicidad oficlal –la cual, me parece, debería desaparecer en todos los medios–. Pero creo que todavía no es 28 de diciembre ni 6 de enero.

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