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El homo informaticus (2009)

El homo informaticus
conversación con Raúl Trejo Delarbre

por David Gutiérrez Fuentes

Publicada en El Búho y más tarde en el blog Sangre binaria

Esta entrevista se la hice a Raúl Trejo Delarbre a finales de 2009, mediante el programa de comunicación audiovisualSkype. Aunque de común acuerdo prescindimos de las cámaras incorporadas a la pantalla, la idea era subir la versión de audio a la red, hecho que probablemente ocurra en otro momento. Pero al escucharla me di cuenta que era más fácil transcribirla y editar el texto. Editar pensando en una publicación que será leída me parece más fácil que editar audio, además de que la trascendencia de la palabra escrita tiene para mí significados especiales. Emprendimos el tema de la digitalidad desde varios aspectos. Después pensé que algunos de ellos, como el relacionado con los lectores digitales (e-readers), de los que hablamos casi al final, requerirían de actualizaciones. Pero actualizar una entrevista en función de un cambio tecnológico o de mercado, me parece absurdo, nunca acabaría. Aún así, acordé con mi interlocutor poner la entrevista a su consideración y me la devolvió con puntuales observaciones que la enriquecieron y un pie de página que con gusto incorporé a manera de colofón. Finalmente el objetivo de la plática era conocer la opinión de un especialista en comunicación que trabaja de manera muy natural con las herramientas informáticas, sujetas a permanentes procesos de mutación. El humor es algo que siempre agradeceré en una conversación como la que hoy pongo a la disposición de los lectores de mi diario, aparecida inicialmente en formato impreso y PDF dentro de El Búho. Por último, y antes de entrar en materia, vale la pena señalar que el nombre de esta entrevista, homo informaticus, procede de un juego de palabras que le leí por primera vez a Roman Gubern en su recomendable libro:Eros electrónico.
Raúl, en el área humanística has sido una suerte de pionero que decidió entrarle al estudio internet no sólo desde un aspecto teórico crítico, sino desde una práctica a la que probablemente algunos de tus colegas generacionales renunciaron. De esto quiero hablar en esta pregunta un poco impersonal: ¿se te facilita la digitalidad ligada a la red? Mirando en retrospectiva: ¿cómo fuiste imbricando tu trabajo en los entornos binarios y la comunicación en red?
Cuando no se ha tenido capacitación específica para las nuevas tecnologías, el aprendizaje se realiza merced al método de prueba y error. Tampoco puedo dejar de recordar que hace veinte años, cuando empezaba a utilizar computadora, estaba mucho menos preparado que ahora. En estos asuntos, cuando uno cree que ya domina cierto programa y ya se desenvuelve con cierta flexibilidad en entornos digitales, resulta que hay cambios. De tal manera que la actualización y el aprendizaje tienen que ser permanentes. Para responderte de manera más contundente te diría que sí, no sólo se me facilita el entorno digital (habida cuenta de las dificultades que enfrento cada vez que cambia un sistema operativo o surge un nuevo programa o adquiero un nuevo adminículo de naturaleza digital) sino yo diría que hoy me resultaría casi imposible trabajar si no fuera con la computadora y la conexión a internet. Realizo una búsqueda constante de datos, me apoyo mucho en las capacidades comunicativas de la red, trabajo mucho en línea, el correo electrónico ha sido un sucedáneo eficaz de usos que antes le daba al teléfono o al fax. De tal manera que gran parte de mi trabajo se apoya en estos recursos. Lo que no me has preguntado es ¿qué haría sin estos recursos? Te diría que volver a los métodos antiguos: máquina de escribir, fax o teletipo; también tendría una enorme aflicción de no contar con las búsquedas en Google y desde luego de ese espacio enorme y casi infinito en el que se ha constituido internet.
Qué bueno que mencionas a Google porque justamente la siguiente bateria de preguntas está relacionada con este motor de búsqueda. Desde hace algunos meses, Google ha estado experimentando con un nuevo algoritmo al que le ha dado un nombre que en sí mismo encierra todo un significado: cafeína. Aunque uno de los gurús de Google, Matt Cutts, ha dado adelantos de lo que vendría con este componente: indexación en “tiempo real”, mayor número de páginas mostradas y mayor eficiencia en la búsqueda, me llamó la atención que en algunos blogs y foros de discusión se haya mencionado menor relevancia para la búsqueda en Wikipedia y Universal Search (que implica imágenes, vídeos y mapas). De la anterior introducción se desprenden varias preguntas. Te las menciono al hilo y si es necesario rebobinar lo hacemos.
Uno: ¿Te parece que el monopolio que tiene Google en la búsqueda por internet sea en sí mismo una forma de globalizar tendencias culturales como criterios de búsqueda y prioridades de indexación que ofrece el motor?
Dos: Restarle relevancia a Wikipedia y otros recursos y aumentar la presencia del llamado Social Media en las prioridades de búsqueda ¿crees que abone a ensanchar más esa brecha conceptual a la que te has referido entre una sociedad de la información y otra sociedad del conocimiento?
Tres: ¿Tienes la impresión de que las fuerzas del mercado le están cerrando el paso a las posibilidades de diseño de algoritmos más eficientes para encontrar fuentes de conocimiento de manera más “intuitiva”?
Bueno más que una pregunta es como un examen profesional lo que me estás haciendo. Debo confesar que no conozco los detalles de este nuevo algoritmo. Conozco el artículo que publicaste en donde me enteré en gran parte de las pretensiones, cuando menos aparentes, de Google para crear nuevas formas de indexar, hacerlas más veloces y sobre todo para filtrar de manera parcial servicios como el de Wikipedia. Hechas estas aclaraciones creo en primer lugar Google nos ofrece un desafío y conclusiones al menos provisionales muy contradictorias.
Por un lado, si no existiera, no tendríamos el acceso a la red como el que tenemos ahora, los motores de búsqueda previos a este servicio eran lentos, deficientes y sobre todo cubrían un segmento mucho menor de la red del que alcanza hoy Google. Además, este entorno ha hecho más amigable y accesible la red a mucha gente que no se había metido a compartir e identificar experiencias en internet. Por otro lado, Google nos muestra la omnipresencia de las actividades que hay en internet y no sólo la búsqueda de contenidos. Esta oferta que todos conocemos se ha convertido lo mismo en palanca de desarrollo, que en un obstáculo.
Los acaparamientos monopólicos no son benéficos con todo y que a veces pueden ser instrumentos de desarrollo. Hay que esperar que el motor de búsqueda encuentre su contraparte. Ya tenemos ensayos por parte de empresas muy poderosas porque es la única manera para que esta competencia sea financieramente sustentable. Seguramente habrá quienes ensayen otras opciones frente a este algoritmo y otras innovaciones del consorcio multinformático en el que se ha convertido Google.
Paso ahora a comentar las tres cuestiones específicas. Me preguntas que si el monopolio que ejerce Google está modificando tendencias culturales. Yo creo que por lo menos impone, no de manera autoritaria, sino con una enorme capacidad de persuasión que radica en la facilidad de uso del servicio, formas de búsqueda de información. Desde luego que cualquier recurso que permita el acceso a cierto tipo de información, se convierte en una suerte de filtro para cernir otro tipo de información. Por eso será útil que cafeína o cualquiera que sea la nueva etapa en los motores de búsqueda les ofrezcan al usuario opciones.
Si a mí me preguntan si quiero resultados que incluyan a Wikipedia, me parecería favorable, al igual que me parece pertinente la posibilidad para que otro usuario tenga opción de excluir ese tipo de resultados.
Ahora bien, y con esto respondo a tu segunda pregunta, si lo que va a hacer el nuevo servicio es excluir algunos sitios o privilegiar los llamados medios sociales, quizá algunos usuarios ya no encuentren demasiada atractiva la búsqueda por este motor porque cuando se requiere información dura, es más factible que la encontremos en Wikipedia, que en Facebook o Hi5. Wikipedia es una enciclopedia universal que he calificado como la obra intelectual más colectiva en la historia de la humanidad, ciertamente con muchos errores, pero que se corrigen de manera constante. Lo que me parece importante es que los usuarios vayan eligiendo qué tipo y qué fuentes de información quieren: enciclopedias electrónicas, periódicos digitales o sitios de relación social. Deben ser ellos quienes vayan definiendo los filtros que quieren incorporar en la búsqueda y no los consorcios de carácter informático.
Por lo que atañe al diseño de los algoritmos en Google no creo que se trate de un diseño cerrado. Me imagino que hay centenares, si no es que millares, de especialistas en informática empeñados en trabajar en nuevas formas de rastreo y nadie se los impide. Desde luego que hay un filtro, impuesto por el mercado, que favorece a unos y limita a otros. Pero el desafío existe. El hecho de que ciertos aspectos de algunos códigos de programación sean abiertos es una invitación constante a la innovación y la competencia. Algunas empresas, y es el caso de Google, se han beneficiado más con la oferta y la competencia que el modelo anterior, Microsoft, un modelo de código cerrado que no sólo es muy egoísta con los usuarios y especialistas en informática, sino que tiene concentrado el conocimiento. Por esa razón el trabajo en red y el conocimiento en línea tienden a estar más relacionados con el código abierto y la creación colectiva que con los viejos sistemas de concentración no sólo de recursos comunicativos, sino de códigos de acceso.
Por cierto por ahí leí algunos comentarios en los que se sugiere la posibilidad de que Windows abra su código para que la competencia con otros sistemas operativos sea diferente.
Si esto ocurre, David, estaríamos presenciando un viraje histórico: el de la empresa que acapara el conocimiento y decide pasar a una fase distinta de apertura, aunque desde luego de sólo una parte de su reservorio informático. Estaríamos frente a un desplazamiento de paradigmas. Entiendo que esto es un asunto que tarda tiempo e implica reconocimientos muy importantes pero que, paradójicamente, podría ser posible sólo en función de los negocios y no precisamente por la generación del conocimiento mismo.
Claro, finalmente podrían estar concluyendo que les conviene más abrir el código que mantenerlo cerrado.
Es posible
Sin restarle importancia al llamado social media, ¿no te parece que los flujos de información que se manejan por ese canal, sin negar las excepciones que incluso siento que se sobredimensionan como el caso Zelaya cuando se dio el golpe en Honduras, o las elecciones en Irán, obedecen a perfiles de usuario cada vez más alejados de la cultura articulada en torno al texto y la crítica? Para apuntalar este planteamiento quisiera primero citar un párrafo de Alfonso Gumucio. Se trata de un ensayo ya referido en mi blog y publicado por etcétera: “Si desde el punto de vista de la autoestima la participación en el espacio público virtual es importante y ofrece con frecuencia voz a los que no la tienen, también es cierto que puede llegar a ser un reflejo desmovilizador si no se traduce en acciones concretas en el meat world, es decir, en el espacio de ‘carne y hueso’, donde las verdaderas redes sociales operan.” A estas reflexiones, yo le agregaría tres observaciones a partir de las nociones de redes sociales: impacto de la movilización en la plaza pública real, naturaleza ideológica de la movilizaciones generadas a partir de las redes sociales digitales y permanencia de las movilizaciones.
Creo que nos cuesta trabajo reconocer las nuevas formas de relaciones sociales que se practican fuera del espacio físico al que estamos acostumbrados, pero existen. Un mitin en el ciberespacio no reemplaza a un mitin en las calles de la ciudad de México, pero lo complementa. Hay redes de profesionales, de aficionados, que sólo existen de manera virtual. Hay gente que lleva años intercambiando experiencias, conocimientos, anécdotas, amistad, intimidades y nunca llega a conocerse de manera presencial. Estas nuevas formas de relación nos obligan a reconocer que pueden existir esquemas de redes entre los individuos y desde luego de relaciones persona a persona que no necesariamente pasan por el contacto físico. A veces la relación virtual en algún momento se llega a transformar en una relación presencial. La gente que discute asuntos de carácter científico o académico durante varios años de pronto se encuentra en un congreso y ahí surgen muchas experiencias. También pasa entre amigos que tienen mucho tiempo de intercambio en internet y a veces deciden pasar al contacto cara a cara, conozco docenas de experiencias al respecto.
Pero hablamos de planos diferentes. Entiendo la preocupación que señalas y que comparte Alfonso Gumucio, un colega boliviano que ha estudiado los comportamientos específicamente políticos y de movilización social de los medios de comunicación, sobre todo cuando dice “hay que reivindicar al espacio de carne y hueso”. Pues sí, somos individuos de carne y hueso y las relaciones presenciales, táctiles; las relaciones donde las miradas se pueden encontrar de manera directa y no sólo por medio de una videocámara, son indispensables para el individuo. Pero también hay que reconocer que existen formas de movilización e intercambio que no siempre pasan por las relaciones presenciales y paso a comentar los tres criterios que mencionas.
1) Impacto de la movilización política en la plaza pública real. Yo creo que en algunos casos sí. Es imposible que el movimiento del Sindicato Mexicano de Electricistas pudiera realizarse sólo a través de internet, aunque quizá la red le sirva al movimiento. Pero hay luchas sociales o reivindicaciones de carácter colectivo que pueden solamente expresarse internet: muchas causas ecológicas y otras similares pueden extenderse en la red y tener consecuencias variadas en el mundo presencial.
2) Naturaleza ideológica de los movimientos. Recordemos que la red, por sí sola, no tiene una tendencia ideológica precisa. Internet comenzó siendo un espacio de encuentro y expresión del ámbito universitario porque nació ahí, se extendió particularmente en Estados Unidos y luego en Europa, entre ciudadanos que tendían a simpatizar con causas liberales, de izquierda, con cierta preocupación social, en la fase pionera. Pero hoy en día es una red mundial con más de 1700 millones de usuarios, alrededor de la cuarta parte de la población del planeta, con puntos de vista de lo más variado. Entre los usuarios hay impulsores de causas sociales comprometidas con la justicia y la democracia y otros que impulsan tendencias autoritarias o promotoras del odio. Internet, como he dicho en otras ocasiones, no es más que una colección de espejos de la humanidad. Si en el mundo fuera de línea hay solidaridad, justicia y afanes sociales, los hallaremos también en internet, pero como en el mundo fuera de línea también hay crimen, odio y abusos, también los veremos expresados en la red.
3) Los movimientos sociales no son permanentes, no son formaciones políticas como los partidos que son estables por su institucionalidad, sus programas y los intereses de sus militantes. Los movimientos sociales son flexibles. Por eso cuando se producen en la red son tan esporádicos como cuando se dan fuera de línea.
Comentabas que en las redes sociales hay puntos de vista ajenos a la crítica, desde luego. Están ajenos a ella porque los intereses de muchas personas que se expresan en algunos de esos espacios son complacientes, consumistas, sometidos a las ideologías predominantes. Pero no debemos extrañarnos de que eso ocurra. Dices también que encuentras expresiones alejadas del texto. Entiendo esta preocupación y la comparto, pero también quisiera recordar que aunque sea para escribir simplezas y aunque se trate de comunicación mediante expresiones abreviadas como la que usan los muchachos en los chats o en los mensajes por celular, hoy en día los jóvenes están escribiendo más; quizá mucho más de lo que escribían los jóvenes de hace quince años. Estamos ante un fenómeno cultural cuyas consecuencias todavía no acertamos a entender, pero ese uso nuevo, creativo, aunque sea simplificador de la escritura, está por ofrecernos nuevas lecciones.
Abundaré en el tema de la plaza virtual y la plaza pública real. Es innegable que la cuarta fuerza política en las pasadas elecciones intermedias la constituyó el voto en blanco; tampoco se puede negar que el crecimiento de esta fuerza obedeció, en buena medida, a la comunicación en línea y de ahí saltó a los comentarios en familia, el trabajo y a otros medios de comunicación. Pero tengo la impresión, y no sé si tú estés de acuerdo conmigo, que llegado el día de la elección, quienes participamos en este movimiento salimos, anulamos nuestro voto y regresamos a casa. Hubo más tarde unos cuantos intentos para darle cohesión al mensaje que se mandaba con los resultados en ámbitos más específicos y fuera del espacio en línea, recuerdo una reunión en Villa Olímpica, otra más en Guadalajara donde muchos terminaron enfrentados y después se diluyó el movimiento, perdió la fuerza política que en un momento dado tendría que tener una fuerza que mandó un mensaje claro en las urnas: con estos partidos muchos no queremos estar. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
El voto en blanco fue un movimiento exitoso que se propuso exhibir la pobreza de los partidos políticos, insistir en que hay una ciudadanía que no se siente representada por ellos y demostrar que hacen falta nuevas opciones de expresión política, nuevos cauces institucionales para que se manifiesten los puntos de vista reales de la sociedad que no están necesariamente expresados en el actual sistema de partidos. Pero también, David, creo que hay que reconocer que al voto en blanco se le dieron en primer lugar muchas lecturas y en segundo lugar se dotó al movimiento de muchas expectativas. Hubo quienes lo consideraron un movimiento ciudadano de largo alcance y la verdad es que no lo tenía porque entre quienes participamos de la promoción del voto en blanco, yo me incluyo, como tú sabes, en esta heterogénea colección de ciudadanos, había puntos de vista muy variados; había promotores del voto en blanco que estaban convencidos de que después de las elecciones se tenía que llamar a una suerte de refundación del país y cambiar las reglas electorales, había quienes decían que el voto en blanco era una protesta contra el PAN y el PRI; había quienes decían que era una expresión ante el fracaso del PRD, había quienes decían que el triunfo del voto en blanco significaría el triunfo de la sociedad civil sobre el régimen de partidos y que eso tendría que traducirse en la disminución de los privilegios de los que éstos gozan, había algunos, y es mi caso, que a partir de un razonamiento muy elemental dijimos: “ninguno de los partidos que actualmente están en la competencia electoral me gusta, por eso quiero votar en blanco.”
Me interesa subrayar estas variadas implicaciones del voto nulo o en blanco porque en lo personal yo no fui de quienes pensaron que después de las votaciones tendríamos algo más. El voto en blanco cumplió con su objetivo justamente el día de las elecciones y al día siguiente había que pasar a otra etapa. Los promotores de esta iniciativa tendrían que reconocer que no había un “más allá”. La gente identificada con esa propuesta se comprometió a anular su voto el día de los comicios y nada más. No pretendo cancelar este entusiasmo pero sí hay que acotar y poner en su justa dimensión iniciativas de este tipo.
Hay un caso más reciente: los que se opusieron al impuesto a las telecomunicaciones y específicamente al impuesto para los servicios de internet. Iba a ser del 4, finalmente terminó siendo del 3 por ciento mediante una decisión legislativa, poco clara, por cierto, porque no se explicó de manera precisa qué servicios estuvieron exentos de ese gravamen. Este es otro ejemplo de un movimiento que se extinguió una vez que se agotó el asunto que le dio origen. Se trata por definición (yo hablaba del carácter perecedero de los movimientos sociales), de causas coyunturales, sin demasiada perspectiva más allá del interés que suscitan a partir de demandas muy, pero muy específicas.
Edgard Morin dice que “Cuando el humanismo y la virtud crítica zozobran, hay un desencadenamiento de una fuerza implacable de orden y de homogeneización (…) La razón se vuelve loca cuando se convierte a la vez en un puro instrumento del poder (…) Así, en esta lógica, no sólo se produce una burocracia para la sociedad, sino también una sociedad para esta burocracia; no sólo se produce una tecnocracia para el pueblo, sino que también se construye un pueblo para esta tecnocracia; no sólo se produce un objeto para el sujeto, sino también, según la frase de Marx a la que hoy se le pueden dar repercusiones nuevas y múltiples, ‘se produce un sujeto para el objeto’.” ¿Crees que la tendencia mundial a digitalizar todos los procesos de la actividad humana podría estar conduciéndonos por estos caminos advertidos por Morin?
No necesariamente, depende de cómo aprovechemos esa digitalización. Además no todos los procesos de la actividad humana se pueden digitalizar, por fortuna. No podemos alimentarnos, ni procrear, ni gozar de muchos placeres de la vida carnal en todos los sentidos del término a partir de sucedáneos digitales. Espero que esto no ocurra al menos en el tiempo que me queda de vida y lo que le queda de vida a la siguiente generación. Ya lo que pase dentro de cien años no me preocupa mucho, personalmente. Ahora bien, entiendo la preocupación de Morin que tú recuperas y la comparto plenamente cuando dice que el problema es la pérdida de la vocación humanista y crítica. Cuando se pierden esos horizontes tendemos no solamente a ser más complacientes, tendemos a entender de manera mucho más plana, más mecánica, más empobrecida las cuestiones más diversas de la sociedad, de la economía, de la política pero sobre todo de la convivencia con los demás. El ser humano que abjura de sus capacidades críticas no puede convivir con otros. Convivimos de manera reflexiva: cuestionándonos, aceptándonos, discutiendo lo que somos y a veces al discutir lo que son los demás nos aleja de algunos amigos pero también nos permite ser más honestos en el trato con la personas. ¿Cómo afecta la digitalización en el comportamiento y la reivindicación de valores? Vuelvo al comienzo de la respuesta: depende de cómo la aprovechemos. La digitalización es un recurso. Internet y su afluentes, el ordenador o la computadora (aunque uses Mac de todos modos está organizada en lenguaje binario) son instrumentos que podemos utilizar para diferentes fines y de muy diversas maneras…
Raúl perdona que te interrumpa pero me parece importante, no es solamente cómo los aprovechemos, acuérdate que en las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) existe un concepto muy marcado: brecha digital. Muchos, aunque quieran aprovechar los recursos, no pueden. Se imponen ciertos paradigmas “digitalizables” (a lo mejor la combinación de palabras no es la más afortunada) que obligan al ciudadano a realizar, por ejemplo, cierto tipo de trámites por medio de estos instrumentos cuando a lo mejor no tiene acceso a los mismos.
Sí, son exigencias de digitalización que aumentan en la sociedad contemporánea. Cuando en México los ciudadanos pagamos impuestos a través del portal de la Secretaría de Hacienda, estamos ante dos opciones: la posibilidad de gastar más mediante el pago al contador que cada mes nos hace la declaración o ante la posibilidad (quizás inseparable de la asesoría de ese profesional porque el sistema fiscal en México es un auténtico galimatías) de comprar una computadora y una conexión para cumplir con nuestra responsabilidad, y, además, encontrarnos con ese universo de opciones que es internet. Tampoco quiero magnificar este recurso de manera inocente y cándida, pero sí quisiera decir que cuando tenemos la necesidad, por los motivos que sean (culturales, pedagógicos, sociales) de entrar a internet, podemos limitarnos a los usos elementales o incorporarnos a otros más. Los jóvenes son especialmente creativos para encontrar música, descargar imágenes y compartirlas con sus amigos. En este segmento poblacional internet se ha convertido en el principal espacio de experimentación, encuentro, creatividad. Vuelvo a la referencia de Morin para comentar lo siguiente: puesto que a los recursos digitales, que son instrumentos, les podemos dar usos muy variados, se configuran tendencias. Una de ellas es emplearlos de manera simple, escasa o nada creativa, y, en consecuencia, desaprovechar sus posibilidades. Desde luego que existe la posibilidad de que por medio del mundo digital se intensifique la tendencia a la homogeneidad que es la forma de globalización más pedestre pero más generalizada hoy en día en la cultura y en las relaciones sociales y políticas contemporáneas, pero al mismo tiempo las posiciones críticas, las visiones diferentes, las propuestas distintas, no sólo en el plano político sino en cualquier vertiente de nuestras expresiones culturales, pueden alcanzar espacios que de otra manera no tendrían. El universo digital es enormemente contradictorio porque al mismo tiempo que promueve y en cierto sentido procrea la estandarización de las culturas, también abre espacios para la difusión e incluso la creación de nuevos formatos, tendencias, convicciones y estilos de lo más variado.
Te quiero hacer una pregunta que le hago a mis amigos que pasan mucho tiempo en línea: ¿cuentas con un lector electrónico?
¿Te refieres a un e-reader?
No tengo el dispositivo para leer libros digitales fuera de la computadora. Tengosoftware de lectura digital dentro de la computadora. A veces descargo libros muy variados pero…
¿Los imprimes? ¿No te molesta la lectura larga en pantalla?
Cada vez practico menos la lectura larga en tinta y papel, lo debo confesar. Particularmente de textos especializados en los temas que yo trabajo: ciencias sociales y comunicación. Compro muchos libros, consumo mucho papel. Sobrecargo el quinto piso en el cual vivo al sur de la Colonia del Valle con más kilos cada año para la preocupación de mi familia y de mis vecinos, pero también te debo decir que cada vez encuentro más prescindible el consumo del papel porque cada vez encuentro más posibilidades en la lectura y consulta en pantalla. Por eemplo, los trabajos de mis alumnos, avances de tesis, prefiero leerlos y marcarlos en pantalla. Sólo en algunos casos cuando los tengo que discutir con ellos línea por línea, los imprimo y sobre todo para entregarles constancia de mis anotaciones. Por cuanto al lector electrónico debo decirte que lamentablemente no cuento con uno, tengo meses o quizás años queriendo comprarme un Kindle pero no era funcional en México sino hasta hace poco tiempo.
No te lo recomiendo porque Kindle está orientado al mercado de Amazon, pero hasta donde sé no tiene la posibilidad de contar con la oferta de Google, que maneja muchos libros gratuitos…
El problema es que los otros lectores tampoco son compatibles y sobre todo no se pueden utilizar en México. El Sony Reader que estuve tentado a comprarme no funciona en México y su uso se restringe a efectos mucho más secundarios.
PDFs y esas cosas…
Exacto. Así es que a lo mejor termino esta navidad, si Santa Claus me trae lo que le voy a pedir, reforzando mi dependencia hacia Amazon. Entendiendo, además, que este va a ser un instrumento perecedero que me va a durar quizás un par de años hasta que surja uno más universal. Y va a ocurrir, seguramente, que me permita acceder a la oferta de distintas empresas y sobre todo de distintos formatos.
Bueno, tú lo vez por un lado amable, pero en las tendencias de mercado habrá uno que te permita leer a color, otro que…
Por eso estaba a punto de comprarme el Sony hasta que me enteré que no lo puedo usar en México.
Raúl, por último, y perdóname el coloquialismo: ¿cómo te “desdigitalizas”? ¿tienes rutinas? ¿después de estar mucho tiempo frente a la pantalla te paras a caminar algunas horas? Aunque la utilidad que te brinda internet es innegable, ¿no te llega a generar niveles de hartazgo o incluso de cierto tipo de adicción?
Sí, no me atrevo a llamarla adicción pero se trata de una dependencia, que es una manera de decir lo mismo. Me percato de ella cuando salgo de viaje y no tengo la conexión que necesito o cuando se va la luz. Quienes vivimos en la Ciudad de México después de los cambios en Luz y Fuerza seguimos teniendo interrupciones en el suministro de energía. Mi equipo de respaldo para cuando se va la luz es de poca duración. Pero las interrupciones eléctricas son costosas. Hace meses tuve frecuentes interrupciones y el software de mi máquina acabó por descomponerse. Sólo pude repararlo después de tres días en los que pasé rescatando archivos y reinstalando todo el sistema operativo. Tú me vas a decir que eso me pasa por trabajar con Windows, pero creo que eso le hubiera pasado a cualquier tipo de máquina. La dependencia tecnológica tiene costos, a veces muy altos.
Pero también tomo en cuenta lo mucho que hago gracias a los recursos digitales. Por ejemplo, ahora que se cumplieron veinte años de la caída del muro de Berlín, me acordé de que a unas cuantas semanas antes del suceso, yo estaba de viaje por Alemania con un grupo de periodistas. Te estoy hablando de septiembre de 1989, trabajaba en El Nacional al que mandaba notas, impresiones de viaje, registros de lo que empezaba a ocurrir por esos lugares, en fin… Una noche, en Bonn, pasé tres o cuatro horas recorriendo la ciudad, junto con otro colega (uruguayo si no me equivoco), buscando un lugar disponible con un fax. No había correo electrónico, no existía internet como la conocemos ahora, no cargábamos computadoras. Encontrar un fax nos costó varias horas en la capital de Alemania Federal hace dos décadas. Hoy, supongo que quienes no conocieron esas máquinas no entenderán la anécdota. Pero lo que te quiero decir es que nuestras rutinas, nuestra capacidad de comunicación, nuestra dependencia de estas costumbres y métodos de comunicación han cambiado mucho en cuatro lustros. ¿Cómo me desconecto?, pues a fuerza. La convivencia con la familia, las exigencias del mundo real que me hacen acudir personalmente al banco, cuando voy a la tienda y desde luego cuando tengo que cumplir con mis obligaciones en la UNAM, hacen que abandone un rato la comparecencia casi religiosa frente a la computadora. También procuro desconectarme cuando consulto los periódicos en los que todavía invierto varias horas en las mañanas, en los libros de tinta y papel, en la asistencia al cine que es un placer que trato de no abandonar y sobre todo en la charla y el intercambio con los amigos. Trato de recordar todo el tiempo que el mundo en línea de ninguna manera es sucedáneo de todo lo que hacemos, podemos y queremos seguir haciendo fuera de línea; trato, sobre todo, de pensar que no hay contradicción sino forzosa pero necesaria complementariedad entre ambos tipos de ámbitos de relación social.
Raúl, pues muchas gracias, quizá nada más para no quedarme con las ganas te hago otra pregunta. Retomemos el ejemplo del fax. Hace veinte años te llevó varias horas encontrar un fax en Bonn y ahora es una herramienta que ya va de salida, aunque todavía se le use en algunas oficinas. El punto aquí es que vamos enterrando tecnología, vamos enterrando usos, a una manera cada vez más rápida. A la imprenta, que ya muchos dan por muerta, le llevo varios siglos llegar a este proceso de agonía que además no le deseo, pero con las nuevas tecnologías no pasa esto, los procesos, como el caso del fax son mucho más rápidos. No tienes una sensación de vértigo. Yo alguna vez apelé a un derecho a la lentitud dentro de la digitalidad.
Derecho a la lentitud y derecho al aprendizaje y al uso del aprendizaje que hemos adquirido. No estamos de luto por la imprenta todavía pero hay muchas voces que anticipan su sustitución. Yo no creo que haya una desaparición total del impreso pero sí una imbricación mayor con otras formas de comunicación. Yo te decía que los usuarios aprendemos por la vía del ensayo y el error. El problema es que no sólo somos los usuarios. Los fabricantes, los empresarios ensayan con nosotros y luego advierten que el artículo que nos han vendido como la enorme novedad es superable por otro con software diferente, un diseño más aerodinámico o nuevas formas de conexión. Vivimos en una situación de incertidumbre permanente porque no sabemos si el teléfono móvil, la computadora portátil, el lector digital o el lector de discos ópticos que hemos comprado nos van a durar uno o cinco años. A veces tomamos decisiones equivocadas. Hace más de veinte años tuve la oportunidad de comprar una colección sensacional de películas de cine de arte, alrededor de trescientas y me vi ante una disyuntiva: comprarla en formato Beta o VHS. Como te imaginarás tomé la decisión equivocada y hoy tengo varias cajas en algún lugar de la casa repleto de películas para las cuales ya no hay aparatos que me permitan verlas. Como no quiero tener una desilusión similar me he tardado en comprar el aparato de Blue-Ray. ¿Me va a obligar el mercado a hacer esa adquisición? No estoy seguro. Pero desde luego estamos frente a dilemas de quienes tenemos la fortuna de contar con tiempo para ocio y recursos suficientes para plantearnos estas disyuntivas. Son dilemas de un sector de la sociedad contemporánea. A veces hay que reconocer que no hay tanta prisa y que nuestra viejaPalm puede servir, nuestra computadora con menos velocidad sigue siendo útil y que los sistemas operativos no tan sofisticados como los más recientes también son útiles. Pero no aprendemos en este campo.
Claro, y además generamos una serie de desechos contaminantes…
Así es… y de saldos pendientes en nuestras tarjetas de crédito.
* * *
Colofón, agregado por Raúl Trejo a mediados de junio de 2010
A comienzos de diciembre de 2009 recibí el Kindle que me regaló mi esposa. Llegó apenas cuatro o cinco días después de haberlo comprado en el portal de Amazon. Aunque lo probé de inmediato, en realidad estuve sin utilizarlo más de un mes, en una suerte de cuarentena preventiva. Creo que tenía cierto miedo a dejarme llevar por la posibilidad amplísima de comprar, descargándolos en un minuto, docenas de libros. Unos meses más tarde te puedo comentar que el Kindle me ha resultado de enorme utilidad. Varios libros por los cuales hubiera pagado 40 o 50 dólares incluyendo el envío, los he recibido en unos cuantos segundos por 20 dólares en promedio. Me he suscrito al envío diario de The New York Times que resulta costoso pero que siempre es un privilegio leer. Aunque desde hace años recibo en papel la edición dominical de ese diario, ahora leerlo cotidianamente y sin tener que estar conectado a la computadora se ha vuelto una práctica no imprescindible pero sí un pequeño lujo. Del Kindle no me gusta la dificultad para tomar notas y sobre todo para exportarlas a la computadora para trabajar con ellas. Pero me resulta muy atractiva la facilidad y rapidez para descargar revistas, periódicos y libros y sobre todo la comodidad de la pantalla que refleja la luz del entorno y no deslumbra como otras. El color no me hace falta pero sí deploro la mala calidad con que se reproducen las gráficas de algunos libros especializados. Lo leo a diario pero todavía encuentro demasiado arriesgado llevar el Kindle cuando viajo en Metro aunque ya me ha resultado muy útil en varios viajes por avión. El otro día regresé  de Chetumal. El vuelo salía tan temprano que en el aeropuerto no vendían un solo periódico. Pero como llevaba el Kindle, en un par de minutos descargué dos diarios extranjeros y uno mexicano que ya había leído cuando llegué al DF. Más allá de estas ventajas personales, me inquieta entender de qué maneras estos instrumentos digitales cambiarán nuestras costumbres de lectura. Allí hay una veta muy interesante para la investigación social pero también para las decisiones editoriales e, incluso, para el trabajo de los autores.
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