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“Estar en Internet es todo un curso de democracia cívica” (2001)

Luis Ángel Fernández Hermana Esta conversación con Luis Angel Fernández Hermana se publicó el 28 de agosto de 2001 en el número 38 de la revista electrónica en.red.ando.com.

Raúl Trejo, mexicano, investigador social y, según propia admisión, “periodista vocacional”, es una de las voces más escuchadas de América Latina sobre los cambios que está experimentando el modelo de comunicación, la evolución de los medios y las repercusiones sociales, políticas y económicas de estas transformaciones. Trejo es, también, uno de los críticos implacables del subcomandante Marcos y el movimiento zapatista, por razones que explica en esta entrevista, comenzada presencialmente en México en agosto de 2000 y concluída por correo electrónico en agosto de 2001.

P.: Señor Trejo, visto desde fuera y a través de Internet, parece que está usted en todas partes.

R.: Bueno yo hago tres cosas o tengo tres “camisetas”, es decir, tengo tres ocupaciones complementarias. Soy investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Universidad Nacional Autónoma de México. El Instituto no está ligado directamente a la docencia pero tiene programas de colaboración con varias facultades, especialmente la de Ciencias Políticas donde doy clases. En el Instituto, como parte de mi trabajo de investigación, hace poco terminé un largo estudio sobre la presencia de las campañas electorales y los partidos políticos en los medios de comunicación. Los resultados se encuentran en el libro Mediocracia sin mediaciones. Prensa, televisión y elecciones que apareció este verano editado por Cal y Arena de México. Otro tema de investigación que he frecuentado es el de Internet. Quiero seguir trabajando acerca de aspectos prácticos de la red de redes y también abundar en la reflexión más sistemática sobre qué cambio está implicando este instrumento como medio de comunicación.

P.: etcétera.

R.: Sí, en segundo lugar, soy director de etcétera, que durante ocho años fue un semanario de política y cultura y desde noviembre de 2000 aparece cada mes dedicado exclusivamente a analizar los medios de comunicación, incluídos los nuevos medios. Desde la época como semanario nos interesamos mucho por los medios, comenzando desde luego por Internet.
En tercer lugar, todos los días escribo una columna política en La Crónica de Hoy, hecho que quizás me confiere alguna presencia pública en México. Es una columna de actualidad política mexicana, que se reproduce en una decena de diarios en el interior del país. Esas son las tres cosas que hago.

P.: ¿Cuál es su formación?

R.: Yo estudié la Licenciatura en Periodismo y Comunicación a comienzos de los años 70 y ya nunca me aparté de la universidad en donde trabajo desde entonces. Luego, más por necesidad de cubrir un requisito académico que por otra cosa, hice una maestría en Estudios Latinoamericanos y muy recién, hice el doctorado en Sociología, todo en la UNAM.

P.: He escuchado que usted es el tipo de persona que desde muy joven se ha hecho su propio periódico y se ha puesto a venderlo en la puerta del colegio o la universidad, ¿es cierto?

R.: Si. Hay un personaje de Vargas Llosa, en Conversación en La Catedral que dice que “el periodismo no es una vocación sino una frustración”. No es mi caso. Yo, desde pequeñito, a los Reyes Magos en lugar de balones de fútbol y esas cosas les pedía mimeógrafos [multicopistas] y me los traían, en casa hay varios totalmente obsoletos. Desde los 6 años quería ser periodista. El periodismo nunca ha sido para mi frustración, sino la posibilidad de desplegar gozosamente una vocación.

P.: Empezó haciendo el periódico para su casa…

R.: Primero para los vecinos, luego fui un chico insoportable que en vez de participar en campeonatos de voleibol hacía el periódico de la escuela. En la primaria y en la secundaria lo vendía o lo pegaba en la pared. Siempre encontré cómplices, sobre todo en la preparatoria, que lo tomaban aunque con un interés menor. Aquí tenemos seis años de primaria, tres de secundaria y tres de preparatoria que es el pre-universitario. En la preparatoria encontré un grupo de amigos interesados en participar de la aventura de hacer periódicos. Los seguí haciendo en la universidad pero en otras condiciones. Me tocó ser estudiante universitario en una época políticamente muy difícil, yo entré en la UNAM a comienzos de 1972, tres años y medio después de la represión de octubre de 1968 contra los estudiantes universitarios. Todo el mundo tenía miedo de opinar, a mí una vez me persiguió la policía casi a balazos por repartir unas octavillas en el autobús y otra vez por pintar una “barda”, eran otras épocas y publicar un periódico era una actividad mal vista.

P.: ¿Y esta vocación se proyectaba también en los estudios?

R.: Lo que traté de hacer con mis compañeros era hacer un periódico menos improvisado que las pequeñas publicaciones que había entonces, y lo que surgió de allí se convirtió en mi tesis de Licenciatura y, posteriormente, en mi primer libro que apareció en 1975, bajo el título de La prensa marginal. Era un estudio de las publicaciones estudiantiles y sindicales que aparecían al margen de las distribución comercial. Había muchas, cerca de 400, hechas de manera artesanal y todas con enormes dificultades para publicar más de un número. Aquella prensa era la alternativa a los medios convencionales que estaban casi unánimemente cerrados a cualquier expresión política que no fuese a favor del gobierno.

“Me daba horror escribir en máquina eléctrica”

P.: ¿Y cómo apareció Internet en el medio de esta actividad periodística y de investigación?

R.: Estar en la universidad, tener tiempo y recursos para hacer y pensar en estos temas ya es un privilegio. Y tener el pequeño bagaje analítico para tomar una visión distinta a la habitual es difícil. Cuando me enteré del fenómeno de Internet me costó trabajo entenderlo, los primeros días y semanas, pero muy pronto me percaté de que era algo mucho más que una extensión convencional de la computadora y mucho más que una nueva tecnología.

P.: ¿Cuándo empezó a tener contacto con Internet?

R.: Casi a la vez que cuando tuve contacto con la computadora. Yo era un periodista y profesor de hábitos muy rudimentarios, escribía en mi máquina mecánica, a pesar de que años más tarde amigos míos me decían que no fuera tonto y que me comprara una computadora. Yo no tenía ni plata suficiente, ni me sentía capacitado, me daba horror escribir en máquinas eléctricas. Cuando me compré la primera computadora, en 1988, entendí que se trataba de una cosa que me servía, intercambiaba archivos, … en fin, hacía mejor mi trabajo.
La tercera computadora que compré ya tenía algo de multimedia, disponía de un módem y una conexión a Compuserve: ahí fue cuando entendí que había algo llamado Internet. Te estoy hablando de mediados de 1994. La navegación era muy rudimentaria y los sitios para visitar notablemente pobres, pero en ese nuevo espacio encontré un encanto comunicacional, una posibilidad de libertad y una opción de intercambio e interactividad inéditas que no solo me llamaron la atención: me volvieron adicto a Internet.

P.: ¿Qué era para usted lo nuevo en Internet?

R.: Yo era fanático, y lo soy, de las revistas y periódicos del mundo. Las pocas que había disponibles en México eran revistas estadounidenses que me costaban mucha plata comprar. Cuando vi que gran parte de ese contenido estaba en Internet, me di cuenta que había un cambio cualitativo, por lo menos para mí y probablemente para mucha gente como yo.
Para entonces ya había escrito algunos libros sobre medios de comunicación. Entre ellos había coordinado dos volúmenes muy críticos acerca de la empresa Televisa que se difundieron mucho entre quienes estudian comunicación en México. Debido a esa experiencia, el CEDAL de Madrid me invitó a dar en diciembre de 1994 una conferencia dentro de un seminario para funcionarios de ministerios de cultura de América Latina. Me pidieron que hablara acerca de las redes de comunicación en América Latina. Ellos querían que yo les platicara de Televisa y de O Globo. Pero en esas fechas estaba fascinado con la Internet y preferí llevar una ponencia explicando qué era eso y qué se podía encontrar. Hallé tanto entusiasmo en esa charla que se celebró en la hermosa Casa de América en Madrid, que me dije: “Aquí hay mucho más para reflexionar para preguntar, para escribir…” y decidí hacer de esa ponencia un libro. De allí surgió La nueva alfombra mágica. El libro lo terminé ocho meses después y lo inscribí en el concurso de ensayo de la Fundesco. Yo conocía poco a esa fundación española, pero sabía de su certamen anual que habían ganado algunos autores que me parecían relevantes. Así fue como el libro, ganador del concurso, se publicó primero en Madrid y más tarde en México.

P.: ¿Podría hacer un mapa de la progresión que ha experimentado desde entonces? ¿Qué ha pasado desde que se publicó el libro hasta ahora?

R.: Para un autor siempre es difícil ver críticamente sus libros. En el caso de La nueva alfombra mágicacreo que apareció muy pronto, fue uno de los primeros trabajos en castellano acerca de Internet. Incluso en Estados Unidos no había mucha literatura publicada sobre este asunto. Pero el libro, salvo entre gente muy interesada en el tema, en un primer momento suscitó poco interés. Creo que no exagero al decir que casi todo lo que ahí se dice sigue vigente: problemas de seguridad y leyes, dificultades para el acceso, censura, problemas de contenidos, opciones para hacer periodismo, negocios y muchas limitaciones, creo que en lo fundamental es un libro cuyas líneas maestras cinco años después siguen siendo vigentes aunque, claro, en cada uno de los campos de los que se ocupa ahora hay docenas de libros más. Un par de años después de publicado comenzó a ser algo leído, especialmente en España y en algunos países de América Latina. Desde entonces recibo correos de estudiantes en distintos sitios que lo comentan y a veces solicitan alguna precisión o ampliación. Ahora La nueva alfombra mágica. Usos y mitos de Internet, la red de redes,está todo en línea en la página de etcétera y tiene cerca de 50 visitas diarias de diferentes países.

“Hay que entender Internet como un medio específico”

P.: Usted ha propuesto una visión crítica con respecto a las implicaciones que tiene Internet. ¿Con respecto al periodismo o los medios de comunicación qué significa esto?

R.: Significa que, en primer lugar, hay que entender a Internet como un medio específico y no como un simple propagador de lo que se ha hecho para otros medios. Eso todavía no lo han entendido todos. Tener el contenido de todos los diarios del mundo en Internet está muy bien, pero esos diarios se arriesgan a contar con pocos visitantes, a tener poca singularidad si no incorporan contenidos específicos para la Red.
Hay que advertir por otro lado que Internet es un medio tan singular que permite que prácticamente no haya censura. Incluso si en algún país un gobierno dictatorial interviene los servidores por los que se conecta la gente, esa fiscalización se puede evitar con un teléfono satelital. Ante cada intento de censura en Internet hay un mecanismo tecnológico para darle la vuelta: es un medio abierto a todas las libertades, lo cual implica que se pueden decir todas las cosas, todas las noticias y también todas las barbaridades y exageraciones imaginables. Por eso es importante tener en cuenta que no todo lo que se dice en Internet es cierto, ni todo lo que se hace con ella es provechoso para la gente, hay de todo.

P.: ¿Ha pensado sobre cómo se deberían desarrollar los criterios para que aprendamos a discernir en un medio tan peculiar como Internet?

R.: Es muy difícil, no puede haber una institución que le ponga un sello de garantía, como hacen con los vinos: este es bueno, este es malo. En primer lugar la experiencia de la gente le va a llevar a discernir entre las falsedades y el material realmente verosímil. No soy partidario del mercado como remedio de todos los males, pero en este caso puede funcionar el mercado, es decir el espacio público de los cibernautas al darle más legitimidad a los medios que no dicen mentiras y a quitársela a aquellos que exageran con tal de aumentar sus visitas. Es lo mismo que pasa con la prensa sensacionalista en todo el mundo. La gente cree lo que dice “The New York Times” o el “Washington Post“, pero no les tiene confianza a los diarios tabloides que sabe que siempre producen escándalos.
El propio comportamiento del internauta puede establecer qué es confiable y qué no lo es en Internet. Ese sería solo el comienzo. Desde luego no podemos depender de la afluencia a un sitio como el mejor indicador, ni el único, para establecer la legitimidad de los sitios en Internet. Las audiencias nunca son el mejor criterio para definir la calidad de un medio; peor aún, los públicos de masas suelen equivocarse o preferir los contenidos más banales o engañosos. Pero aun en esos casos, la gente sabe, aunque los consuma, cuáles medios son confiables y cuáles no. Actualmente están emergiendo muchos medios en Internet que pueden tener una presencia importante. Digamos que el “The New York Times” o el “Washington Post” son los medios de la Revolución Industrial…

P.: ¿Cree que pueda haber medios que alcancen este tipo de prestigio dentro de Internet?

R.: Si, creo que hoy en día no sabemos cuál será el “New York Times” de Internet. Hay una tendencia natural aunque artificial a la concentración de grandes empresas que van evolucionando y abren páginas en la red con todos los recursos tecnológicos, con amplia variedad de contenido, pero que dicen lo mismo, que no están pensando en la Red como un medio específico. Algunas veces tales páginas van a tener éxito y otras no, sobre todo porque el rendimiento financiero que están logrando es y va a seguir siendo precario o, por lo menos, inferior a las siempre ambiciosas expectativas de sus propietarios.
Ahora somos quizá 500 millones de internautas en todo el mundo (o alcanzaremos pronto esa cifra). Se trata de una enorme comunidad (si es que se puede considerar que los cibernautas actuales son todos ellos una comunidad) pero aun acotada a una minoría si se le compara con la población mundial. Esos 500 millones son apenas el 12% de la humanidad y hay países en donde el acceso a Internet sigue siendo muy bajo. Allí tenemos a un público muy heterogéneo para el cual, hipotéticamente al menos, todas las páginas web son igual de accesibles. Uno puede, con una página no muy sofisticada, estar a un clic de las más concurridas, la gente puede cambiar de una a otra con mucha más facilidad que con la que cambian mediante el zapping, de un canal a otro de televisión. En la televisión tenemos 200 canales si cuentas con algún sistema satelital como Direct TV; en Internet tenemos millones de sitios web (22 millones, se calculaba en octubre de 2000). Al aumentar la oferta, baja la presencia de los medios influyentes más concurridos.

P.: ¿Cuál va a ser el “The New York Times” de la Red en el 2005?

R.:. A lo mejor no ha surgido. Quizá hay un periódico que está aprendiendo y que hace experimentos interesantes personalizando la información, actualizándola cada 15 o 20 minutos, todo esto puede mantenerse y aumentar. De lo que se trata no es de que los lectores de la edición impresa se vuelvan lectores de Internet, pierden mucha plata con esto. Se trata de ganar lectores de otro tipo, personas que no leen las páginas impresas del diario y a lo mejor se quedan con un registro más del diario que tiene una traducción digital de su versión impresa, y nos encontramos que en dos o tres años hay medios nuevos. No sé. En pocos meses la página de Ananova, esa conductora de noticias virtual, dejó de tener interés para los muchos internautas que visitaban su sitio. La página de Naked news con conductoras nada virtuales que se quitan la ropa mientras leen noticias, llamó la atención pero luego dejó de ser novedad.
Hasta ahora las innovaciones para presentar noticias en la red han sido de forma, pero pensando en el estilo de los medios convencionales, especialmente la televisión. En vez del tradicional conductor del noticiario se nos ha presentado a locutores virtuales o a desnudistas muy atractivas pero cuya presencia no les añade nada a las informaciones (al contrario, se convierte en un elemento de distracción). Aun estamos por conocer cómo serán los informativos en Internet de mañana.

“No se si vamos a tener una sociedad con interés suficiente para querer ser productora de mensajes”

P.: Ahora, cuando hablamos de cuál va a ser el “The New York Times” de Internet, o cosas por el estilo, estamos dando por sentado, hasta cierto punto, una traslación de los criterios pero no de los modelos. ¿Usted cree que es posible que se desarrollen modelos completamente diferentes, este hecho, por ejemplo, de que a través de listas de distribución se vaya creando un universo informativo más adecuado a lo que tú buscas, esto puede progresar para convertirse en modalidades completamente novedosas?

R.: Técnicamente es posible, no se si la sociedad lo aceptará. Hace dos o tres años se puso de moda la distribución de software que permitía armarte un diario digital: “Yo quiero los deportes de “La Vanguardia”, la política de “El País”, etc… Yahoo te ofrece ese servicio. De pronto era como el boom de Internet, equivalente a lo que hoy son los portales. No estoy seguro de que a la gente le guste ese esfuerzo, -hablo de la gente en general, no de los actuales internautas. Elegir el contenido de uno u otros medios es fascinante para gente como nosotros, pero a quienes leen solamente un diario quizás les guste más quedarse con el universo informativo que crean los editores de ese periódico con un criterio similar para los deportes, el clima, etc… Por otro lado esa idea de crear su propio menú informativo le priva a uno de la posibilidad de obtener algo que no esté de antemano previsto allí: a mi no me interesa para nada el golf, pero si por ahí surge un golfista buenísimo, con interés muy humano, a lo mejor me gustaría saber de ese personaje. Pero si me hice un menú en donde no incluyo al golf jamás me voy a enterar de ese acontecimiento.
Creo que tiene razón cuando dice que pensar en un “The New York Times” de la Red, es pensar con el mismo criterio como si fuéramos a tener grandes diarios o grandes medios de referencia. Creo que esos se van a mantener por su presencia multimediática para la televisión, en los magazines, en la radio, pero además vamos a tener mucha mayor oferta para informarse. Mi gran duda es si este medio, que nos obliga a romper con las teorías tradicionales de la comunicación que nos decían que en todo medio unos cuantos emiten mensajes para muchos, se va a mantener en Internet. En este nuevo medio, donde la gente puede responder y fabricar sus propios mensajes, no se si vamos a tener una sociedad con interés suficiente para querer ser productora de mensajes. Hace poco el investigador argentino Alejandro Piscitelli respondía con un no rotundo a esta cuestión, decía que a la gente no le gusta producir mensajes, quieren ser consumidores ¿Va a ser así?, no lo sé.

P.: Lo que nos gustaría es ser espectadores, decía él. ¿Pero usted ve que esta tendencia se mantiene en Internet? ¿La actitud del espectador es lo que predomina?

R.: No estoy seguro cuántos de estos 500 millones de internautas son o quieren ser productores de información más allá del correo electrónico. Pero colocar en la Red una página personal, meterse a foros de discusión, replicarle al autor del artículo que acabamos de leer y que nos gustó o no nos gustó, es poco frecuente. Creo que es cuestión de tiempo, que hace falta que llegue y se adueñe de Internet una generación distinta a la nuestra, que son los que han aprehendido de una manera mucho más cercana el lenguaje digital, que se han ejercitado en el uso de la red de redes como espacio para intercambiar experiencias, intereses y toda clase de información y que no necesitan un discurso tan extenso para expresar asuntos muy primarios, que a lo mejor va a ser la gente que se va a comunicar más por Internet.

P.: De todas maneras, a mayor cantidad de emisores, más complejo, en principio, el proceso de discriminación de la información pertinente.

R.: Efectivamente, esa comunicación será, o mejor dicho ya está siendo, propagadora de toda índole de intenciones e intereses. Te voy a platicar una experiencia personal. Yo escribo, como ya te conté, una columna política que se publica en varios diarios mexicanos. El año pasado, durante las campañas electorales para la presidencia de mi país, la columna además de la prensa escrita la publiqué en el portal de T1MSN, que es sostenido por la empresa Prodigy (el principal proveedor de acceso a Internet en México) y Microsoft. Ellos tienen un espacio para artículos políticos en donde aparecen los textos de una veintena de autores. Igual que en la columna publicada en los diarios allí aparecía, al pie de mi texto, mi correo electrónico. En los últimos años he recibido un promedio de entre tres y cinco mensajes diarios de gente que me sugiere temas, que no está de acuerdo, que se enoja, me reconviene, hay de todo.
Pero, cuando el año pasado, antes de las elecciones de julio, publiqué varias columnas muy críticas del candidato Vicente Fox (que acabaría ganando las votaciones), de pronto me llegaron a mi correo electrónicos y al espacio de mensajes en la página de T1MSN más de mil 200 comentarios en un par de días. Algunos eran auténticas amenazas plagadas de insultos de partidarios de Fox, que no toleraban que a su candidato le señalaran errores. Otros eran comentarios en diversos tonos. A casi todos los que me escribieron a mi correo directo les contesté, fue una labor de docenas de horas durante varios días. La mayoría de los mensajes era de gente joven, incluso gente que no estaba acostumbrada a leer la prensa diaria, ni columna política ni análisis de opinión. Algunos de ellos me decían: “Señor periodista, con qué derecho se pone a opinar”. Esos jóvenes jamás habían leído las páginas editoriales de un diario. Sin embargo se informaban y polemizaban a través de Internet.

P.: ¿Considera significativo del cambio que se está produciendo en México, el hecho de que esta gente joven se informe de esta manera?

R.: No es toda la gente joven. En México tenemos ya más de cien millones de habitantes, de los cuales en 2001 no hay más de cuatro millones que se conectan regularmente a Internet. Muchos de ellos son jóvenes. Es un cambio que no es tan extendido que se pueda llamar generacional, pero de esos 4 millones no tengo la menor duda de que la mayor parte son menores de 35 años.

“A quienes tienen acceso a Internet se les sigue viendo como algo exótico”

P.: Esta gente se supone que posee una cierta formación. ¿Hay iniciativas en México hacia una “alfabetización digital”?

R.: Hay un problema que va más allá de la tecnología, un problema de analfabetismo funcional que aquí padecemos más por la crisis de nivel educativo. Es costumbre emplear las nuevas tecnologías como instrumentos para aprovechar el aprendizaje, pero los profesores siguen teniendo muchas dificultades: por ejemplo unos pésimos salarios.
A quienes tienen acceso a Internet se les sigue viendo como algo exótico. El año pasado en la campaña del candidato del partido oficial, que perdió, se decían pocas cosas específicas, era una campaña con grandes eslóganes. Pero una de las pocas cosas concretas que dijo fue: “Yo quiero para todas las escuelas mexicanas computadoras y enseñanza del idioma inglés”. Los opositores y los sectores más nacionalistas se le fueron encima y decían que el inglés era el idioma del imperio, y que en lugar de computadoras primero necesitamos mesabancos, pizarras, agua potable… Tenían razón, en las escuelas mexicanas necesitamos todo eso, pero también computadoras. Una cosa no excluye a la otra.

P.: Pero hay gente que desarrolla proyectos de este tipo…

R.: Hace unos cinco años, el Ministerio de Educación de México inició un programa llamado Centros de Maestros que consistía en instalar, en numerosas comunidades, una casa con biblioteca, varias computadoras y conexiones satelitales. En uno o dos estados de los más pobres, en donde hay maestros más radicales políticamente, los profesores se opusieron a ese proyecto: “Primero páguennos más y luego aprenderemos a utilizar las computadoras”, dijeron. Las computadores, al menos en un par de casos, estuvieron guardadas cerca de dos años.
La nueva generación, los más jóvenes, los que ahora estudian, padecen una suerte de analfabetismo funcional que es preocupante. Son jóvenes de la generación televisiva, no están habituados a leer. Carlos Monsiváis, un destacado escritor mexicano, decía que Internet tiene la gran virtud de hacer leer a los jóvenes. Yo no estoy tan seguro. Si leen será en los chats. En los cursos que doy en la Universidad me he encontrado en varias ocasiones con una reacción lamentable, pero sintomática, de algunos alumnos. Cuando, en los últimos semestres de la carrera de comunicación, les he dicho que hay que leer determinado libro, me responden “sí profesor, claro que sí, pero ¿qué leemos del libro, que capítulo?”. “Lean el libro”, les digo y les parece inusitado. Son muchachos a los que hemos habituado a no leer más que capítulos de libros y nunca la obra completa. Me he encontrado que hay estudiantes que cuando están terminando su licenciatura, jamás han leído un libro entero.

P.: ¿Qué respuesta ha dado la Universidad a las nuevas formas de procesar y trabajar la información a través de Internet?

R.: Ha dado una respuesta general, pero también precursora. La Universidad Nacional Autónoma fue la primera que trajo Internet a México. Cuando apenas empezaba instalaron las primeras redes. Y, es curioso, Internet creció primero en el campo académico y en los institutos de ciencias básicas: los físicos, los matemáticos, los biólogos, discutían a través del correo electrónico con sus colegas, sobre todo de Estados Unidos en donde habían estudiado muchos de ellos. Yo hace cinco años era de los pocos que usaba Internet en el Instituto de Investigaciones Sociales y me veían como un bicho raro. Hoy en día todos mis colegas tienen su correo electrónico. Es decir, la red de redes llegó tarde, y mucho más tarde a los alumnos. Los estudiantes de ciencias Básicas y Naturales estaban más familiarizados con Internet, y los de Ciencias Sociales se incorporaron con más lentitud al empleo de ese recurso. Ahora lo hacen y cada vez en mayor cantidad, pero no porque la Universidad lo promueva sino porque Internet en México es un fenómeno mucho más publicitario, y forma parte del imaginario social. La televisión está repleta de mensajes comerciales para conectarse a la red. Se habla mucho más de Internet de lo que se accede a ella.

P.: ¿Y en el plano de la educación, de las generaciones que estudian comunicación, qué respuesta ha habido en la universidad?

R.: Los que estudian comunicación ven a Internet como un espacio insólito en donde encuentran más intercambio personal que elementos para investigar o hacer sus deberes de la escuela. Y no hay enseñanza formal para utilizar Internet salvo cursos extracurriculares. Menos aun existe, de manera extendida, reflexión o enseñanza de otros aspectos de Internet. Hace año y medio abrí en mi facultad un curso optativo de periodismo digital pero bajo el nombre de otra materia porque no había una asignatura destinada a esa nueva modalidad. En esa facultad que tiene 5000 estudiantes de comunicación, el plan de estudios se renovó hace algunos años y no se les ocurrió incorporar a Internet. Entonces abrí un seminario con dos requisitos: que los muchachos tuvieran acceso a Internet y que supieran leer textos en inglés. Pudiendo ser un curso muy concurrido llegaron 10, todos de excelente capacitación. Pero fueron los únicos interesados entre varios miles.

P.: ¿Sucede lo mismo en la reflexión sobre Internet y la relación con los medios?

R.: En la misma facultad se ha abierto un posgrado en Ciencias Sociales, es un doctorado con materias nuevas y que aspira a ser de vanguardia en varios aspectos. Yo abrí un seminario sobre implicaciones sociales de Internet y de reflexión sobre asuntos de cibercultura. El grado de calificación y de información de los alumnos del seminario me tiene sorprendido, me obligan a leer textos que yo no había leído y tenemos un plan de discusiones bastante completo. Desde hace año y medio hemos discutido en ocasiones un libro por semana y a veces me he encontrado con que los estudiantes ya habían leído los textos que yo sugería, la mayoría de ellos de muy reciente publicación en Estados Unidos o en Europa. Se trata de un grupo de excepción que por desgracia no representa el perfil de los alumnos de la Facultad. Por lo demás, la reflexión acerca de Internet, más allá de la propaganda de sus usos comerciales, sigue siendo escasa.

“Vamos a rescatar la originalidad de mucha gente que hace que los medios sean posibles”

P.: Había comentado que en “etcétera” quiere abrir este campo de reflexión. ¿en qué está pensando?

R.: Hasta el verano del 2000 tuvimos un semanario muy abierto a todos, publicábamos notas de reflexión sobre temas tan variados como los Juegos Olímpicos, o sobre la historia del presidencialismo mexicano, literatura, en fin. Entonces decidimos especializarnos y hacer una revista destinada solamente, pero de manera ambiciosa, a la discusión de los medios de comunicación. En México hoy todo el mundo opina de política, pero no todo el mundo puede opinar, por lo menos con algún fundamento, sobre televisión o Internet. Es una revista para lectores de todas las condiciones, no solo especialistas y con un comité editorial con personalidades de distintos ámbitos en el mundo hispanoamericano de la comunicación.
etcétera ha tenido un buen arranque y es leída con mucho interés entre los profesionales de los medios en México y en las principales universidades en donde se enseña comunicación. Estamos muy contentos con ese resultado aunque los problemas financieros a veces nublan ese entusiasmo. De todos modos creo que estamos haciendo, con la participación de los colaboradores de la revista, una contribución al debate sobre los medios en México y América Latina.

P.: ¿Cuál es la evaluación de este cambio de orientación?

R.: Todo el que hace comunicación, en cualquier género, tiene opiniones sobre el trabajo que realiza. Pero los medios, tan inquisitivos como son con todos los sectores de la sociedad y del poder, no suelen discutirse a sí mismos. En etcétera lo que estamos haciendo es recoger voces conocidas que informan en los medios, pero que no suelen opinar sobre su propio trabajo. Entonces los invitamos a que en la revista escriban o declaren acerca de lo que hacen en los medios. Además estamos constituyendo un espacio para que la discusión académica sobre la comunicación llegue a quienes se encargan, en la práctica, de la tarea de comunicar.

P.: Hay una preocupación palpable y pública por el destino de un México que no es un país de primera línea industrializada, que se sabe inmerso en enormes dificultades económicas, de infraestructura, etc. ¿Puede jugar Internet un papel, de uno u otro signo, en un momento tan delicado?

R.: México es un país sobre todo muy desigual, estamos entre las 15 principales economías del mundo y al mismo tiempo tenemos fácilmente 25 millones de pobres muy pobres, la cuarta parte de la población. Tenemos una élite que viaja al extranjero, que bebe vinos chilenos o españoles, que tiene más de una computadora en casa. Y hay universidades en el interior del país que apenas si tienen computadoras. ¿Cuál es el gran desafío con Internet?. Lograr que no acentúe esta desigualdad que ya tenemos. No soy muy optimista al respecto. La experiencia en México y todo el mundo nos enseña que Internet, como cualquier elemento tecnológico y de información, acentúa desigualdades.
Sin embargo no todo es catastrófico. Los cuatro millones que ahora están conectados a Internet serán ocho o diez en un par de años. Vamos a tener una masa no muy crítica pero si muy masiva de gente que estando en la Red, va a tener oportunidades más allá de entrar a los chat y mandar correos electrónicos a sus amigos. Allí hay un gran potencial no únicamente para los negocios, que es lo que piensa todo el mundo. Las empresas y los numerosos ciudadanos que quieren hacer dinero en la Red ven a los internautas como consumidores y no como ciudadanos. Así que habrá oportunidad para contenidos y actividades muy variados: la discusión política, la información, la creación de grupos de interés en todas las áreas y desde luego la educación. Pero ello dependerá del interés de la gente y de la existencia de políticas públicas para impulsar por una parte el acceso a Internet y, simultáneamente, un empleo creativo y fructífero de la red de redes.

P.: ¿Considera que Internet podría cumplir una función de pedagogía democrática por parte de quienes lo usen con esa intención que menciona?

R.: Puede ser. Estar en un medio de comunicación tan poco autoritario como Internet es ya todo un curso de democracia cívica. Más allá de la actual participación en chats sobre asuntos personales, es previsible que muchos usuarios de la red encuentren atractivo en emplearla para enterarse de asuntos de los cuales no se informa, o se informa de manera muy parcial en los medios convencionales de comunicación. Pero tampoco allí me hago ilusiones. El desarrollo de las capacidades cívicas, ciudadanas de Internet será muy relevante. Pero en la red seguirán predominando los contenidos comerciales.

“El inglés es el idioma de la Red de redes”

P.: México está en primera línea de fuego por el gran vecino del norte. Esto conlleva, entre otras cosas, una legítima preocupación por el papel que va a jugar la lengua en Internet. Incluso durante el primer congreso de la lengua que se celebró en México se discutió bastante sobre la presencia del castellano en Internet. ¿Donde se alinea usted dentro de todas estas tendencias de que todos hablaremos inglés en el día de mañana o de que, al revés, Internet va a estimular las diferencias y permitirá el resurgimiento de la lengua?

R.: Yo creo que no hay elección posible, ni hace falta elegir. Creo que es evidente que el inglés es el idioma de la Red de redes, gústenos o no. Pero eso no significa que no haya espacio para otras lenguas. Hace algunos años el inglés ocupaba casi el 90 por ciento en las páginas de web y es el idioma preferente de sus usuarios. Esa cantidad ha disminuido aunque al respecto existen distintas evaluaciones. Sin embargo, el peso de otros idiomas no ha crecido tanto como la presencia de Internet en países que no son de habla inglesa. Eso significa que muchos usuarios de Internet, aunque su lengua materna y de uso cotidiano sea el japonés, el alemán o el castellano, navegan e incluso intercambian y publican en Internet en idioma inglés.
Otro asunto es cómo tratar a la terminología especializada que suele acuñarse en inglés y cuya adopción en español los especialistas suelen ver con verdadero horror. Pretender que en vez de decir “mouse” digamos ratón, en lugar de software programas y que no digamos páginas “web” puede constituir una causa atractiva para algunos, pero que está de antemano perdida. No creo que el problema se encuentre allí. Después de todo, puesto que es una lengua viva, el español se actualiza constantemente y admite palabras de otros orígenes de la misma manera que hay términos en castellano que hoy son de uso casi universal.
El asunto principal, en este aspecto, no radica en oponernos al inglés como su fuésemos una suerte deluddistas idiomáticos sino en construir espacios creativos, originales y útiles en donde se emplee la lengua de cada quien, en nuestro caso el español. Sobre estos temas, entre otros, se va a discutir en el Segundo Congreso Internacional de la Lengua Española que se realizará en Valladolid en octubre de 2001 y que continuará los intercambios que comenzaron en el primer congreso que se realizó en Zacatecas, México, en 1997.

P.: De todas maneras, dentro de la previsible presencia de todas las lenguas en Internet, hasta este momento el desarrollo de la Red está sustentado en la parte de la población que es bilingüe. Pero ahora aparece otra parte considerable de la población que, a través de la telefonía móvil u otros medios, se van a conectar a Internet y no es bilingüe. ¿Qué puede ocurrir ahí?

R.: Puede ocurrir que acaben siendo bilingües, que es lo más difícil; puede ocurrir que proliferen los espacios de las lenguas de cada grupo idiomático, en nuestro caso el castellano, sobre todo los espacios que le ofrezcan a la gente accesos y servicios similares a los que encontrarían en idiomas extranjeros. A mucha gente les incomoda entrar a Internet porque no entiende el idioma y es comprensible esta molestia. En la medida que tengamos servicios más accesibles en castellano, capaces de reproducir en nuestra lengua los contenidos habituales de la WWW, podremos tener más gente interesada en Internet. Hay quienes dice que esto va a dejar de ser un problema cuando los traductores puedan permitirnos que una página pueda verse en cualquier idioma, pero lo cierto es que se necesitan máquinas muy inteligentes, capaces de traducir todas las inflexiones y eso es muy complicado todavía. Una vez hice el intento de poner el primer párrafo del Quijote en inglés en un traductor automático en la red y luego regresarlo al castellano por el mismo procedimiento. El resultado era bastante lamentable. Por lo demás, no me suscita mucho entusiasmo la posibilidad de tener acceso a Internet a través de un teléfono celular (o “móvil”, como les dicen ustedes en España). ¿Qué contenidos son realmente asequibles a través de ese recurso? ¿Cómo podremos navegar desde la pequeña pantalla del teléfono? No me imagino haciendo en un móvil las visitas que suelo hacer a las páginas que frecuento en Internet.

P.: Sospecho por su historia periodística y de comunicador que usted pertenece a la que podríamos denominar “escuela textual”. Es decir, usted estima que en el texto está la reflexión y está posiblemente la razón de entender.

R.: Sí, es cierto, entre otras cosas porque yo he escrito toda mi vida. Los libros que tengo en casa son mi único tesoro aparte de mi familia y vivo de y para escribir, lo mismo libros que textos para la prensa. De tal manera, pensar que eso va a ser desplazado por otra forma de comunicación me cuesta mucho trabajo admitirlo o comprenderlo. Pero también reconozco que hay maneras, lenguajes, pero sobre todo soportes para el mismo texto que tienden a ser cada vez más versátiles y que tienen más futuro que el libro en tinta y papel.

P.: Pero solamente en soporte, ¿no estamos hablando de la parte de contenido en sentido de la imagen…?

R.: Yo soy de una generación que aprendió y que sigue comunicándose con la palabra…

P.: ¿Pero no cree que se puede aprender o conocer solamente con una carga de imagen más fuerte o compleja?

R.: La imagen es un elemento auxiliar del aprendizaje pero hay contenidos que por sí misma no puede transmitir. No encuentro cómo la imagen, el icono, podrían suplir la lectura de “En busca del tiempo perdido”, o sustituir la discusión de los diálogos de Platón. Tampoco podría suplir la reflexión de los grandes economistas como Keynes o de científicos sociales como Durkheim o, aunque ahora suene políticamente incorrecto, Carlos Marx. Todos ellos han sido autores cuya reflexión o capacidad creativa se sustentó en los parámetros de la lógica formal que descansa en la palabra escrita. No encuentro qué otro modelo de comunicación y reflexión podría sustituirlo pero entiendo que cada vez prolifera más la tendencia no sólo a que la gente se comunique de manera muy parca, con pocas palabras, sino a pensar que todo se puede aprender de manera audiovisual. Creo que la preeminencia de los mensajes icónicos está significando una derrota de la reflexión al menos tal y como la hemos conocido y practicado hasta ahora.

“No acabo de aprender la manera en que los jóvenes aprehenden la realidad”

P.: ¿Y no has tenido algún tipo de experiencia con este tipo de joven con una mentalidad más de estética de vídeo juego que de texto?

R.: No tengo tanta oportunidad de ver esas prácticas en la Universidad ya que los que los jóvenes que llegan a mis seminarios son gente con una formación escolar en los parámetros tradicionales. Algunos leen mucho y otros nada, pero todos se han desarrollado en un contexto en donde la palabra escrita es indispensable para comunicar y acreditar conocimientos. Fuera del campo estrictamente académico me encuentro con experiencias muy variadas. Tengo una hija de 25 años que es actriz. Ella lee por costumbre y afición pero algunos de los jóvenes de su edad no, y eso que ni siquiera son de la generación del Nintendo. No entiendo, no acabo de aprender, la manera en que ellos aprehenden la realidad.

P.: Ahora hay gente de nuestra edad que suele decir con mucha frecuencia que la gente joven no lee periódicos. Yo no recuerdo exactamente cuándo empecé a leer periódicos, aunque en mi casa siempre leyeron periódicos, pero ¿puede ser que estemos entrando en una fase en la que esto que se llama aprehender la realidad no esté dependiendo de los instrumentos clásicos que comentábamos y que estén apareciendo otros más sutiles, que no sabemos todavía muy bien cómo actúan?

R.: Sí sabemos donde están. Los jóvenes se nutren sobre todo de la televisión. El rumor en las calles, es también un elemento de transmisión de mensajes y de falsas imágenes, por ejemplo políticas. Está el intercambio personal entre ellos, en donde se crean o solidifican los valores que comparten. Habitualmente los jóvenes escuchan la radio y algunos entran a Internet. En las elecciones del año pasado en México, entre los jóvenes de 18 y 30 años que fueron a votar, la mitad lo hizo por Vicente Fox, el candidato de la derecha. Ese fue un porcentaje superior a la votación que tuvo Fox sobre el total de los electores. Mientras más años tenía la gente, menos votaba por Fox. Los más jóvenes querían que algo cambiara y por eso se volcaron a favor de ese candidato. ¿De qué medios se nutrieron estos jóvenes para conocer a ese candidato? De la televisión, casi exclusivamente.
En la ciudad de México y su zona metropolitana tenemos 18 millones de habitantes y 37 diarios, con una tirada total de no más de 700.000 ejemplares, de los cuales se venden 400.000 ejemplares. Esos son los diarios que consumen esos 18 millones de personas. Pero cualquier promedio se distorsiona por culpa de quienes, como yo, leemos varios diarios (en casa todas las mañanas recibo siete). Lo cierto es que casi nadie lee periódicos, todavía la gente de manera significativa no se educa políticamente a través de Internet. Pero cuando avance el empleo de este medio es altamente posible que la gente busque informarse, en fuentes muy diversas, a través de la Red.

P.: ¿Qué puede significar que el PRI desaparezca después de tantos años en el gobierno?

R.: Bueno, el PRI no desapareció (al menos por ahora). Lo que le ocurrió es que fue desplazado del gobierno federal. Ha perdido cada vez de más posiciones de gobierno pero mantiene una enorme presencia, para bien o para mal, en numerosos espacios de poder político. Ahora ese partido es el principal contrapeso, en el Congreso, al gobierno del presidente Fox y gobierna en más de la mitad de los estados del país. En México tenemos un sistema presidencial, no parlamentario, y en este sistema político el presidente ha tenido un poder prácticamente ilimitado. Eso comenzó a terminar hace varios años, todavía con los gobiernos del PRI, y ahora uno de los retos principales radica en construir o consolidar equilibrios fuertes y eficaces delante de la presidencia, sea quien sea el que la ocupe. Ese es el papel que puede desempeñar el PRI delante del nuevo gobierno, siempre y cuando resuelva sus pugnas internas, que son muchas. La esperanza de que la vida pública en México cambie con el nuevo gobierno está acotada por la simpleza del discurso y la inexperiencia de la administración encabezada por Fox. Pero bueno, ese ya es un tema que no tiene que ver con Internet.

“La figura de Marcos me parece contraproducente en términos políticos”

P.: Sí lo tiene que ver todo lo que ha sucedido en Chiapas desde enero de 1994 y, sobre todo, la marcha hasta el Distrito Federal del EZLN encabezado por el subcomandante Marcos. Usted ha seguido muy de cerca todo este proceso político y lo ha analizado en numerosos artículos, incluso desde el punto de vista de fenómeno mediático. ¿Qué opinión le merece la figura de Marcos?

R.: No es una pregunta fácil porque no admite una respuesta sencilla. Si tuviera que contestar en una sola línea no vacilaría en decir que la figura de Marcos me parece contraproducente en términos políticos y muy cuestionable en el plano personal. Se trata, como puede ver, de una respuesta políticamente incorrecta.
Sé que el llamado subcomandante despierta respeto y admiración en algunos circuitos de la sociedad en México y quizá con mayor apasionamiento en países como España. Entiendo algunas de las causas de esa reacción. A Marcos se le ha considerado defensor de los indios que han estado desprotegidos durante centurias e incluso hay quienes lo colocan a la vanguardia de los movimientos de protesta contra los efectos salvajes de la globalización. Sin embargo, más allá del pasamontañas con que se cubre y de la enorme parafernalia mediática que ha definido al movimiento zapatista, hay aspectos muy discutibles que a veces las adhesiones europeas o españolas no toman en cuenta al evaluar la figura de ese personaje.

P.: A ver, entremos en materia.

R.: Marcos encabeza a una guerrilla. Es decir, a un movimiento armado que se propuso, al menos durante sus primeros años, la demolición de un orden social para implantar otro. Aun hoy ese grupo se mantiene en armas. Es un movimiento revolucionario en la tradición del izquierdismo más radical. Quizá en otros momentos del siglo XX, en el mundo, y desde luego en México, las tesis revolucionarias eran vigentes. Mas creo que, al menos en el último trecho de esa centuria, dejaron de serlo, incluso en condiciones de profunda desigualdad e injusticia sociales como las que padecen los campesinos indígenas en Chiapas. En el mundo, y México no ha sido la excepción, las exigencias de la sociedad organizada, la emergencia de nuevos actores políticos (en el caso de mi país, la solidificación de partidos competitivos delante del viejo PRI que monopolizó el poder durante largo tiempo) y las mismas necesidades de renovación de los sistemas políticos condujeron a procesos de transición a la democracia. En esa ruta estábamos instalados, tratando de impulsar la democratización del sistema mexicano, cuando en 1994 irrumpió la guerrilla de Marcos en Chiapas.

P.: Más que irrumpió usted parece que apunta a que “interrumpió”.

R.: Mucha gente se confundió ante ese acontecimiento y muchos quisieron creer, con generosidad y buena voluntad, que el subcomandante representaba legítimamente a los campesinos indígenas de ese estado y otros sitios del país. Pero no ha sido así. Marcos y sus compañeros formaron una guerrilla no para lograr mejores condiciones en las zonas indígenas sino en pos de una revolución proletaria a la que querían llegar por métodos violentos. Ahora hay quienes dicen que el Ejército Zapatista es una guerrilla “buena”, o light,porque no ha disparado tiros y en vez de ello se apoya en sus capacidades de propaganda. No es así. Los dirigentes del EZLN han sido tan violentos como han podido y si a mediados de enero de 1994 suspendieron las hostilidades militares fue por la respuesta que le dio el Ejército Mexicano y por la movilización de grandes sectores de la sociedad mexicana a favor de la paz en Chiapas.
Pero eso no ha significado que no haya violencia. Aunque muchos observadores extranjeros, y no pocos simpatizantes del EZLN dentro de México, han cerrado los ojos a esa realidad, ese grupo ha tenido víctimas y ha realizado o cobijado acciones violentas en contra de quienes, en su zona de influencia, se oponen a obedecerlo. En la región de Las Cañadas en Chiapas, los campesinos indígenas, en cuya reivindicación supuestamente actúa el EZLN, han padecido persecuciones, discriminaciones, expoliaciones e incluso asesinatos cometidos bajo la responsabilidad de ese grupo. Existen documentos, vídeos y denuncias sobre esos abusos, pero muchos simpatizantes de Marcos se han negado a tomarlos en cuenta.Yo he escrito acerca de la situación de esos campesinos indígenas víctimas del EZLN.

P.: ¿No considera usted que el discurso político del EZLN se ha ido imponiendo sobre el militar?

R.: De cuando en cuando el “subcomandante” modera su discurso e insinúa que dejará la vía de las armas, pero siempre y cuando el resto de las fuerzas políticas se comporte según sus intereses. Incluso cuando hace política no armada se desempeña con enorme maximalismo. Ese comportamiento ha influido en algunos sectores de la sociedad mexicana, que consideran que la política no es el camino adecuado para reivindicar los intereses de los desprotegidos. De acuerdo con ese discutible razonamiento, la vía que les queda entonces es la de la violencia. Esa vía se contrapone, saboteándola, a la transición democrática que muchos mexicanos hemos querido impulsar en nuestro país.
Lo diré de manera más tajante. Las adhesiones encandiladas o voluntaristas al EZLN y a Marcos que no toman en cuenta el carácter violento de ese grupo equivalen a los apoyos, por fortuna escasos, que en España tienen el ETA y sus acciones terroristas. Me parece que no hay congruencia política, ni moral, en quienes aplauden a Marcos en Chiapas y condenan al ETA en el País Vasco. ¿La violencia es mala en un sitio y buena en otro? Desde luego que no. Por eso encuentro profundamente irresponsable la simpatía que Marcos ha encontrado en algunas zonas del pensamiento y la sociedad en países como España y que no se hacen cargo de la actuación real del EZLN.

P.: Pero hasta la aparición del EZLN, la causa de los indios mexicanos no formaba parte de la agenda política de México.

R.: Efectivamente, reconozco esta consecuencia meritoria a la existencia de ese grupo. No es que antes de la insurrección del EZLN en enero de 1994 México desconociera las penurias de ese sector. Pero en algunos sectores dentro y fuera del país se trataba de un tema incómodo, que se hacía poco por reconocer y resolver. Hay quienes llevamos varias décadas peleando y proponiendo medidas para remediar la situación de los mexicanos más pobres, entre ellos los indios. Pero para muchos otros ese era un asunto no prioritario.

P.: Mucho se ha alabado la forma como Marcos ha operado con los medios de comunicación, en general, y con Internet, en particular.

R.: Sí, creo que un rasgo destacado en el movimiento encabezado por Marcos ha sido su manejo de los medios, inteligente y eficaz. Algunos autores europeos han considerado la figura del subcomandante como paradigma del postmodernismo. Me parece que esa es una clasificación poco rigurosa (como si realmente estuviéramos ante una difuminación de las ideologías, que es una de las propuestas del postmodernismo). Pero, en todo caso, el empleo de los medios para promover una figura de gran definición publicitaria, aunque sus verdaderas coordenadas políticas hayan quedado desvanecidas, es un rasgo notable en ese movimiento.
Cuando el EZLN se levantó en armas, la reacción de los medios fue de gran confusión. Entonces, con la colaboración de algunos colegas periodistas, escribí un libro, Chiapas, la comunicación enmascarada,que ahora está disponible en la red y que reseña con numerosos detalles los errores de los medios de México y el resto del mundo al informar sobre aquellos días. Sobre el uso que Marcos hizo de Internet, y que llevó a algunos a considerar que se trataba de un guerrillero a salto de mata que sin embargo cargaba con su computadora portátil, escribí algo en La Nueva Alfombra Mágica.

P.: Finalmente, ¿que opinión le merece el movimiento social generado alrededor del proceso de globalización?

R.: Creo que hay varios movimientos anti-globalización o, mejor dicho, que cuestionan la manera de internacionalización que han experimentado nuestras economías. La globalización es inevitable y oponerse sin más a ella es tan ocioso como torpe. Pero una cosa es admitir ese rasgo insoslayable de la realidad actual y otra considerar que la que hemos conocido es la única forma de globalización que podemos tener. Algunos de los movimientos contra ella han sido tan ordinarios que han acabado por ser una caricatura, aunque a veces trágica, de la acción política que podría moderar y encauzar a la globalización sustentada en la inequidad. Otros intentan explorar opciones racionales y no solamente contestatarias y fundamentalistas. Entre los globalifóbicos hay de todo.
La globalización ocurre, en buena medida, a través de los nuevos medios de comunicación. Por eso no ha sido sorprendente, aunque sí indicio de los nuevos tiempos, la manera como algunos de quienes la combaten emplean con éxito las posibilidades de la Internet y, también, la cobertura que los medios convencionales otorgan a sus movilizaciones.
En lo personal, quisiera apartarme tanto del fundamentalismo que propone que la única vía para el desarrollo es el imperio del mercado (que deviene en una globalización regida solo por las corporaciones más poderosas), como de aquel que sostiene que a las nuevas tendencias de la economía y la cultura es preciso enfrentarlas injuriando y saboteando las reuniones de banqueros e industriales. Agarrar a palos un McDonald’s puede ser catárticamente gratificante e incluso propagandísticamente exitoso para algún personaje de la globalifobia. Pero, a final de cuentas, es una acción irracional y primitiva. Las luchas de las izquierdas han estado, históricamente, sustentadas en la razón y los argumentos. Acciones como las que perpetran los globalifóbicos más radicales constituyen un retroceso en el esfuerzo por hacer de esta una sociedad menos injusta. Ante esas actitudes prefiero la reivindicación de la política, entendida como búsqueda de acuerdos a partir de las razones, los principios y la negociación. Es una vía menos glamorosa, pero más eficaz

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