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Los medios, poder sin control (2001)

Entrevista de Rigoberto Aranda publicada el 2 de octubre de 2001 en La Crónica de Hoy

Los medios de comunicación son una enorme arena, privilegiada e insustituible, para bien y para mal, para definir la agenda pública, para debatir y resolver con los sectores los asuntos públicos, e incluso elegir gobernantes y representantes

[ Rigoberto Aranda ]

—¿Qué tanto pesan los medios en las elecciones en México?

 

—Son parte del ejercicio del poder, no del gobierno ni del Estado. El poder se ejerce desde espacios e instituciones muy diversas, y esto, la ciencia política lo debe revisar como un fenómeno mundial.

El título del libro pretende enfatizar la autonomía y la enorme capacidad de influencia de los medios de comunicación y destacar cómo han llegado a ser poderes en sí mismos, reales, sin control ni supervisión alguna, muy lejos del carácter de intermediarios que su calidad de “medios”, aparentemente, muchas interpretaciones les conferían.

Hoy, los medios, lejos de ser intermediarios, son actores con agenda, demandas y proyectos propios, lo cual no es ilegítimo, pero el problema es que no hay contrapesos delante de estas enormes, poderosas e influyentes empresas de comunicación.

—¿Es posible que se controlen a sí mismos?

 

—Algo que hemos podido constatar, en México y en el mundo, es cómo, a diferencia de lo que han propuesto y esperado los gobiernos mexicanos anteriores, y de lo que dicen los medios mismos, éstos no se controlan a sí mismos.

La palabra control puede llevar a equivocaciones, no creo que sea la más exacta porque nos remite a tiempos y situaciones indeseables.

Es más pertinente hablar de contrapesos, de fórmulas para lograr que cada uno de los actores de los procesos de comunicación sean responsables. ¿Cómo se define esto? Que respondan por sus actos.

En México no tenemos una legislación capaz de garantizar que los medios respondan a sus omisiones, excesos o equivocaciones. Las cometen como cualquier empresa, pero máxime en un negocio tan intenso y tan compulsivo como la comunicación de masas.

Las decisiones se toman con rapidez, a veces sin la información suficiente.

También es cierto que a veces toman decisiones de mala fe, para desacreditar reputaciones o confundir. Hay medios de toda índole, como en todas partes del mundo.

—¿Es inevitable la regulación?

 

—Los contrapesos se pueden crear de varias maneras.

La primera es a través de las leyes. Todos sabemos que las actuales son obsoletas Son inaplicables porque no responden a las circunstancias y a la realidad de los medios y la sociedad mexicana.

Otras que funcionan de manera espontánea y muy ordenada, pero que podrían dejar de serlo, son el reclamo y la presión de los consumidores de los medios. Es bueno decirles así, consumidores o y no espectadores o lectores porque, al elegir un periódico o al sintonizar una cadena de radio o televisión, avalan o rechazan su contenido.

Empezamos a observar que el público mexicano se está saturando de contenidos sensacionalistas y estridentes y prefiere la información, la investigación, la búsqueda. Por eso tienen futuro los medios que hagan periodismo y no solamente escándalo.

—¿Es cierta la noción de poder sin límites de la TV y la prensa?

 

—Este no es un libro que considere que los medios son capaces de todo.

Durante las primeras cien páginas se discuten diversas opiniones sobre la influencia de los medios en el quehacer político. En él hago referencia a los debates al respecto en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa del este.

Este no es un libro que ofrezca soluciones prácticas ni sugiere posiciones más críticas respecto a la conducta de los medios.

Ello, porque no hay forma de demostrar que los medios influyan de una manera idéntica en todas las ocasiones. En el caso de la política, recupero opiniones que juzgan de manera tremendista o exageradamente complaciente.

—¿Es posible la política sin medios de comunicación?

 

—Hoy en día, la política no se puede hacer al margen de los medios de comunicación.

La enorme arena, privilegiada e insustituible, durante mucho tiempo y de ahora en adelante, para bien y para mal, para definir la agenda pública, para debatir y resolver con los sectores los asuntos públicos, incluso elegir gobernantes y representantes, es la de los medios de comunicación.

Llegaron para quedarse y así va a ser de ahora en adelante. Creo que es ineludible. Pero de aquí no se puede derivar que la influencia de los medios sea el único factor y en todos los casos el determinante para que la gente asuma una u otra opción política.

Este libro trata de documentar eso en el cuerpo de la sección de investigación.

Me preocupaba cómo hablar, cómo pensar en los medios más allá de la crítica ideológica. Este es un documento que intenta dilucidar a ciencia cierta y más allá de los cartabones y las discrepancias ideo-
lógicas cómo se comportan los medios de comunicación más importantes en coyunturas específicas.

Es una preocupación mía, desde hace muchos años, tratar de evaluar cuantitativamente el espacio que en los medios se dedica a la cobertura de las campañas políticas. Así, el libro resulta de una búsqueda de experiencias en el extranjero, de lo que se incluye una bibliografía muy amplia.

—¿Cómo fue la experiencia de 2000?

 

—La gente se entera de quiénes son los candidatos y de su imagen a través de los medios de comunicación.

Quienes supieron de Vicente Fox y se enteraron de sus andanzas lo hicieron gracias a la televisión, pero ésta no logró automáticamente el voto a favor del candidato de la Alianza por el Cambio. Fueron muchos factores. La televisión contó, el resto de los medios también, pero sola no hubiera logrado esta votación.

—¿Es cierta la afirmación de que la votación es proporcional al tiempo y espacio en los medios?

 

—No hay correlación entre la votación obtenida por los candidatos en las elecciones mexicanas (se analizan las cinco elecciones federales más recientes) y el espacio que los medios les destinan, incluidas la prensa, la televisión y la radio.

En la campaña de 1988, por ejemplo, la televisión destinó más de 90 por ciento de su espacio al candidato del PRI, Carlos Salinas de Gortari. Fue un manejo sorprendente e inusitado de unilateralidad. Eso no significó que 90 por ciento de los votos haya sido para él.

Incluso, me parece que en esa elección, y en alguna otra posterior, se pudo documentar una suerte de reacción de efecto boomerang.

Esto se ha medido en otros países en diferentes procesos electorales. La gente queda tan saturada, tan hastiada y harta de una sobreexposición de un candidato que, tan solo por eso, decide votar por otro.

—¿El equilibrio de poder, el voto diferenciado, es una muestra de avances en la cultura política de los mexicanos?

 

—Los partidos y los políticos, por convenencieros, y los medios de comunicación por irreflexivos y zalameros, han idealizado a la sociedad. Suponen que tiene una cultura política muy sólida, que la gente prefiere la exposición de razones. Luego, partidos y medios se comportan mostrándoles imágenes y no argumentos.

Estamos en una idealización de la sociedad civil, que nos lleva a olvidar que en realidad no es tan civilizada, que tenemos enormes déficits de educación en todos los terrenos y, desde luego en la política.

Por ello, las posibilidades de manipulación, de abuso ideológico aumentan en un contexto de una sociedad, como la nuestra, tan poco desarrollada culturalmente.

Es innegable que la sociedad mexicana ha avanzado mucho; en las últimas décadas, tenemos una sociedad mayoritariamente enterada, los diarios, algunos de circulación respetable son, sin embargo, para unos cuantos.

Hay decenas de miles de lectores en una sociedad de decenas de millones. En la televisión, lo que más se ve no son los programas de análisis, ni de reflexión. En México, igual que en el mundo, son los programas menos edificantes, para decirlo de una manera elegante, son los que tienen mayor auditorio.

Por ejemplo, el noticiero de Joaquín López-Dóriga lo ven sólo unos dos millones de personas. Salvo, desde luego, en los momentos en que hay noticias muy estridentes. Claro que son muchísimas personas. Sobre todo, en comparación con quienes nos leen en la prensa escrita. Son prácticamente nada en una sociedad de 102 millones de personas

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