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Adictos a la Red (2003)

Cuestionario persentado por el periodista Jaime Reyes Rodríguez del suplemento El Ángel del diario Reforma. La entrevista formó parte de un reportaje publicado el 30 de marzo de 2003.

1. ¿Existe la adicción a la red?

Sí, desde luego. Hay adicción a la Internet igual que la hay a casi cualquier actividad humana. Si hay adictos a la pintura de Dalí, la música de U2, la carpintería y la repostería –incluso si hay adictos a entidades tan abominables como el equipo de futbol América– es natural que también los haya a un espacio de encuentro, intercambio, hallazgo, información y divulgación tan creciente, atractivo y versátil como es la red de redes.
2. En caso de que exista, ¿cómo la definiría?

El anterior catálogo comprueba que no soy especialista en adicciones. Quizá víctima, pero experto en ellas no soy. En todo caso creo que se trata, cuando la hay, de una adicción envolvente, sencilla, perturbadora y gratificante.
3. ¿Por qué es tan adictivo Internet? ¿Quiénes cree que son más propensos a convertirse en adictos?

La pantalla de la computadora tiende a ejercer una atracción hipnótica. Pero no se trata de la fascinación aletargada que suscita la televisión sino de una relación exigente. El usuario de la Red está obligado a responder, a elegir, a discriminar. No hay navegación pasiva en la Internet. A cada paso es preciso tomar decisiones: qué liga, cuál página, qué otro sitio recorro. Por eso además de la atracción natural que le confiere su carácter audiovisual, la Internet es fascinante por el diálogo que establece con el usuario. A través de ella, además, cada quien –si quiere– puede conversar, interactuar, intercambiar con otros.

4. ¿Cree que es un problema que deba preocuparnos, cree que podría tener o tiene consecuencias graves?

Creo que el tema de la adicción respecto de la Internet ha sido exagerado. Depende de cada caso. Sin duda es grave la situación de quien se quede dos días enteros conectado. Ese cibernauta perderá amigos, su salud se deteriorará y quizá experimente consecuencias peores. Pero quien acostumbra navegar durante algunas horas diarias sin que por ello deje de cumplir con otros compromisos quizá, más allá de la adicción, pueda considerar que su relación con la Internet es fructífera.
5. ¿Qué clase de consecuencias, en que aspecto de la vida social y/o
privada?

Algo he respondido en el párrafo anterior. La que puede haber respecto de la Internet es como cualquier costumbre (prefiero no hablar, aquí, de adicciones). Si se trata de un hábito que nos aleja de los demás, puede ser costoso en términos de nuestra vida social. Pero también hay que reconocer que la Internet se ha constituido en un nuevo espacio de socialización. Habrá quien tenga pocos amigos en el mundo fuera de línea pero quizá muchos en la Red. La Internet, más allá de la adicción, está replanteando algunas de nuestras concepciones tradicionales acerca de la vida social y/o privada (y pública, también).
6. ¿Cree que la forma de la adicción se da manera general entre los
individuos o cree que hay diferencias en cuanto a razas, géneros, edades, etnias, regiones, países?

No tengo evidencias de que haya algún segmento de la población más proclive, por su condición de raza, género o de alguna otra índole, a frecuentar la Internet. Lo que sí es evidente es que entre los jóvenes hay más propensión a navegar en la Red y aprovecharla. Pero de allí no se puede derivar que tenga efectos más adictivos entre los jóvenes.

7. ¿Qué clase de adicción a través de la red le parece la más dañina?

Aquella que implicase perder relaciones, hábitos o compromisos de la vida fuera de línea. Pero, insisto, esa adicción ocurre en pocos casos.

Con la Internet ocurre que, como medio que es, nos permite enlazarnos con espacios e individuos de los más diversos intereses, inclinaciones y tendencias. Quienes sean aficionados a coleccionar sellos de correo o a las canciones de Janis Joplin tienen tanta oportunidad de encontrar a otros con inclinaciones similares a las suyas como aquellos a quienes les gusta la pornografía con niños. Es evidente que las primeras aficiones son inocentes y la otra, constituye un delito. Pero el hecho de que se encuentre gente de intereses tan variados no es culpa del medio, sino una realidad social a la cual la Internet no hace mas que servirle de enlace y como vía de reconocimiento. Culpar a la Internet de los delitos que se puedan exhibir o realizar merced a los cauces de comunicación que permite entablar, equivale a imputarle al Paseo de la Reforma el timo que pueda cometer en esa avenida un ladrón que nos robe la cartera.

8. ¿Hay algo positivo que identifique en esta adicción a la red o en su uso excesivo?

Depende de qué entendamos por uso excesivo. Depende de cada individuo. En todo caso, creo que es positiva la posibilidad de involucrarnos con la enorme cantidad de información y las inagotables posibilidades de intercambio que hay en la Red.
9. ¿Se considera usted un adicto a la red, o pasó por algo similar?

¿Adicto? No sé. Prefiero decir que soy aficionado a la Internet. O para que suene menos inocente, diría que soy aficionado en riesgo de adicción.
10. ¿Qué es lo más extraño que le ha pasado navegando en Internet?

Muchas de las experiencias que he tenido en la Red han sido, por novedosas, insólitas. Ex compañeros de escuela a los que reencuentro después de varias décadas, alumnos a quienes he impartido cursos y dirigido tesis sin haberlos conocido en persona, engaños en he descubierto a tiempo, engañados a quienes he explicado la estafa de la que han sido víctimas (por ejemplo en cadenas de correo electrónico que no tienen el beneficio que sus promotores aseguran), textos míos que he visto reproducidos en páginas que no conocía e incluso en alguna ocasión sin mi firma. Gracias a la Internet he viajado, virtual y presencialmente, discutiendo por el mundo algunos de los cambios que la Red significa para nuestras sociedades. Gracias a ella he aprendido cosas a las que no me habría acercado de no ser por la Red misma y también he leído mucho, los trabajos de otros colegas interesados en ella como medio y fenómeno social y comunicacional. He tenido noticia de muchos hechos extraños en la Red y algunos los he presenciado (auges y fatalidades de grupos fundamentalistas, noviazgos y flirteos de amigas y amigos, plagios de textos propios y ajenos, intentos de censura y censores por vocación, mítines y manifestaciones virtuales…) Pero no logro precisar un acontecimiento extraño que me haya ocurrido a mí. Quizá eso se deba a que nada, o casi nada, me resulta sorprendente en la Red y sin embargo, cada navegación es un periplo a la caza de asombros en la Internet.
11. ¿Internet se escribe con mayúscula o con minúscula? ¿Por qué?

Quizá la escribimos con mayúscula porque además de un espacio abierto, se trata de una institución, una red, La Red. Es un medio de medios y junto con ello un medio específico. Escribimos Internet igual que escribimos Reforma, Televisa, Radio Fórmula. La escribimos en femenino porque es la red de redes. Sin embargo el término no fue incluido por la Real Academia en la más reciente edición del Diccionario de la Lengua Española.

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